... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

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No es un puto solo de guitarra más

 "Pocas cosas hay tan jodidas y dañinas que escuchar, en mi estado actual, que el solo de guitarra acompañado de batería del Nothing Else Matters de Metallica"

me dije una mañana que conducía carretera abajo, justo antes de que el sol saliera de frente a golpearme en los ojos.

Ya lo habíamos escuchado juntos infinidad de veces en el asiento trasero de mi coche, Carrie. Son sólo 28 segundos instrumentales, del minuto 4:56 al 5:24 de la canción. Y siempre que escucho el puto solo, Carrie, me suena a todas las cosas intangibles que habíamos construido y que estábamos perdiendo por la obcecada cabezonería de que ninguno de los dos hacíamos algo para mantenerlas inmaculadas.

Los recuerdos no son solamente una serie de las mejores fotos impresas de distintos momentos de nuestras vidas juntos deslizándose por las notas de ese puto solo de guitarra golpeado por la batería. Porque es así, la guitarra es una maravilla y la batería no acompaña, la batería golpea las notas intentando derribarlas. Me ha costado más de 30 años darme cuenta de esto. Que no, Carrie, que las cosas no son así. Que uno no se empeña en construir cosas para que luego vengas tú a derribarlas con tus caóticos golpes azarosos de baquetas... echándome la culpa de todo.

Con lo que me gustaba ese solo en la década de los 90... Y ahora, mira, si el puto solo fuera una escultura de cristal de Bohemia salpicada de joyas de Swarovski en mitad de una boda de diseño... la destrozaría de un golpe empuñando una Fender Stratocaster del 74. Mi jodido año, Carrie.

Tengo que recomponerme, empezando por olvidarme de tus golpes de batería. Es que los tenías guardados durante años y cuando los has sacado... me han dejado el corazón como un colibrí muerto cayendo al vacío.

*foto de aquí

 

Ya no

No sé por qué ese día mis manos estaban tan frías. Es algo que te sorprendió cuando tendiste las tuyas hasta alcanzar las mías en esa media mañana soleada y rabiosa de abril, un día antes de mi cumpleaños.

Y no consigo explicarme por qué estaban así si siempre me laten, ambas, fervorosas como el corazón galopante de un purasangre. 

Purasangre, yo... que con medio siglo entre pecho y espalda no atino a vislumbrar, con mis incertidumbres, los órganos que podrían quedarme sanos en el cuerpo. Entiende aquí sanos como capaces de seguir amándote de la misma forma que hacíamos en nuestros comienzos. Los tengo atrofiados. Todos los órganos. Ese fue el terrible diagnóstico del mes pasado.

Aquella media mañana cogiste mis manos y, por una vez, fueron las tuyas las que me dieron el calor que necesitaba.

-Ojalá todo lo demás fuera tan fácil como esto- solté en un débil resuello-. Que el calor de unas manos aplacara la frialdad de mármol de Carrara de otras.

Ya no.


*foto de aquí

Sobre la mecánica de dejarte un buen café

-Hacerme el café no es una muestra de amor. Es algo mecánico - dijiste.

A la mañana siguiente me levanté y, como cada amanecer de los últimos años y mientras dormías, inicié mi ceremonia: Me dirigí a la cocina y cogí dos tazas. 

-Llevo demasiados años sin escribir así. He perdido mi voz -me dije-. Pero... tengo que encontrarme. Porque pienso que sigo aquí, encerrado y oculto en estos scriptoria.

Desde hace un tiempo me gusta moler los granos de café. Es como triturar los buenos recuerdos que tenemos juntos para olerlos, compactarlos y extraer en esencia líquida todo lo que hemos sentido en ellos.

Desnatada para ti. Entre 14 y 18 centílitros de los abrazos y los besos que nos dimos por las calles de Florencia. Ya está. Las calles empedradas de una Florencia soleada, contigo... pocos recuerdos hay mejores que ese.

Ahora hay que inclinar las dos tazas en la máquina de café porque... Al ser tan baja, y las tazas tan altas, no caben de pie una junto a la otra. Esto es algo que me ponía de mal humor al principio, ahora no. Ahora las inclino hasta hacer tocar sus bordes. Suena un clic. Esto es un beso en la Piazza Navona de Roma, me digo. O el final de uno de nuestros resuellos contenidos al pasar en góndola bajo uno de los viejos puentes de Venecia.

Ahora lo más importante: liberar la esencia de los buenos recuerdos. Las primeras gotas de café son las más concentradas porque corresponden a los recuerdos iniciales. Tu sonrisa nada más montar en mi coche, la oscuridad de tus ojos luminosos mirándome, lo cómodos que nos sentimos charlando a orillas de una playa.

Debo ser cuidadoso y cortar el torrente de recuerdos para que nuestras tazas no rebosen. Dejar otros para la mañana siguiente.

Y eso hago.

Y eso quiero.

Que todas las mañanas sean así.

Contigo.

No sé quien está equivocado de los dos, quizás los dos, quizás ninguno pero... Quiero que sepas que esta ceremonia, la creas mecánica o no, es la puñetera tabla de salvación, en mitad de todo este océano tempestuoso que hemos dejado crecer, a la que me he aferrado para mantenerme unido a ti.

No dejemos que las olas nos separen.

*foto de aquí 

Tiempo de Cerezas



Cinco Años en Scriptoria

 

Schubert - 'String Quartet in C minor, D. 103, Quartettsatz'

Hoy se cumplen 5 años de la apertura de este espacio, y si bien es cierto que ha evolucionado mucho y ya no vuelco tantos textos aquí, ni visito vuestros blogs o respondo a vuestros comentarios... sí que continúo escribiendo más de lo que muestro. Voy retomando, a ratos, la novela que escribo: El lamentable descenso de Henry Norton, además de seguir recopilando y agrupando relatos y cuentos en colecciones que apenas ven la luz más allá de la poca que asoma en mi escritorio. Todavía queda mucho papel por emborronar, y cada vez reniego más de la pantalla del ordenador y me gusta más escribir para mí en libretas y cuadernos, tal vez celoso de mis letras. ¿Estaré envejeciendo demasiado rápido? Lo estaré.

Gracias a tod@s l@s que seguís leyéndome en Scriptoria y, aun notando mi ausencia, continúan comentando mis relatos en este espacio, perdonad si no dispongo de mucho tiempo. Gracias también a l@s que me siguen a través de Facebook y me siguen animando a que continúe perpetrando este maravilloso tormento que es inventar con palabras.

Sigo.

*foto: Una parte de mi colección de Paperblanks y Moleskines

Criaturitas


En abril del año pasado, en esta entrada de Scriptoria, pedí vuestra ayuda para buscar un título para una colección de relatos que había terminado de escribir. Hasta hace unos meses no encontré el título adecuado. En la foto podéis ver materializadas todas las criaturitas que he ido pariendo en estos últimos cuatro años. Tan sólo falta la novela En ángulo muerto, que me prometí a mí mismo no encuadernarla jamás, bueno... cambiaría de opinión con la venia de algún atrevido editor/a.
Pues bien, estas criaturitas mías nacen gracias a los profesionales de Printcolor, la imprenta digital que elegí para insuflarles la vida en papel. Todos los relojes rotos, la ultima colección de relatos que escribí, es un regalo de dicha imprenta (al igual que lo fue en su momento El Hombre Sin Tildes). Si queréis ver materializado vuestro libro Printcolor os lo regala, tan sólo tenéis que pinchar en su enlace y seguir las instrucciones.

De las cuatro criaturitas de la foto Scriptoria, primer cajón sigue en venta al precio de 12€, envío nacional incluido (para los que estéis interesados), el resto son ejemplares únicos. Aprovecho para deciros que siento mucho no poder pasarme por vuestros blogs a leeros y comentarios, cada vez tengo menos tiempo libre. Ando metido en varias cosas (todas legales) y he retomado la escritura de mi próxima novela: El lamentable descenso de Henry Norton, que espero tener terminada para antes del verano que viene.

Intentaré al menos publicar una vez por semana en Scriptoria :)

Serendipia


 
(U2 - With or Without You) (Letra)


Serendipia: descubrimiento o hallazgo afortunado e inesperado (Wikipedia)

Siempre que conduzco mi coche por ese tramo de autovía me pasa lo mismo: vuelvo a esa primera tarde en que nos conocimos. Cuando acabamos los cafés yo te dije que me acompañases a una de las tiendas porque tenía que comprarme unos boxers. Tú sonreíste, yo te pregunté si alguna vez habías tenido que soportar algo así en una primera cita.

- Nunca - dijiste.
- Es que yo soy así de imprevisible, diferente a los demás, pero nada del otro mundo - culminé.

Me gusta tener la tierra bajo mis pies y la carne entre las manos. Siempre que paso por ese tramo de autovía recuerdo nuestra primera cita. El asfalto de ese tramo de carretera se ondula, eleva mi coche unos centímetros por el lado izquierdo durante un par de metros de recorrido, luego la carretera vuelve a recuperar su firmeza habitual. Durante ese segundo mi coche se balancea como si estuviera bajando por el desnivel de un tobogán o fuese impulsado por una ola de mi océano.

Aquella noche en que nos despedimos ocurrió lo mismo. Ese tramo elevado es mi serendipia del pasado. El que me llevó a ti. Y estará ahí siempre, y me acordaré de ti siempre y cada vez que conduzca por ese tramo de autovía.

Siempre, nenita.

Hace poco caminé por una playa desierta y, al meterme en el agua, descubrí que el mar me da miedo, tanto como encontrarme con cientos de tortugas muertas en la orilla, o como todos los relojes que tú y yo hemos ido parando con todos los besos que nos hemos dado.

*foto de aquí

11 de Marzo


 
(Casals - El Cant dels Ocells)


Hay fechas que se alejan en el tiempo, pero nunca en la memoria.

Siete años después...
Quedó atrás el miedo a coger los trenes de nuevo y confundir sus bufidos con el rugir de una bestia. Quedó atrás eso de mirar bajo los asientos y a las caras del resto de pasajeros, el contener la respiración y encoger el corazón mientras pensaba que todos íbamos a saltar por los aires cuando el tren paraba o sus puertas volvían a cerrarse.

Quedaron atrás las noches en que dormía con los ojos abiertos, o sentado en el borde de mi cama.

Quedaron atrás los meses de tratamiento, y esa primera frase de ella mientras me tendía la mano: "Hola, siéntate. Si quieres olvidar lo que ha pasado... me temo que eso no va a ser posible, lo único que puedo hacer por ti es hacerte ver que puedes vivir con ello".

Y eso se hace.

Quedaron atrás muchas cosas... pero el testimonio número 8 de esta página perdura junto a cientos, miles. Como el de aquella señora mayor que entró en mi vagón una semana después, temblando porque era la primera vez que volvía a montarse en un tren, y al sentarse a mi lado me cogió de la mano mientras me contaba que ella también estuvo en Atocha. 

Todavía siento el calor de su mano, y el de las velas encendidas calentando mi cara. Me recuerdan la promesa que me hice:
No olvidarles.

*foto de aquí.

Corrección Importante

Os quiero avisar de una metedura de pata de las grandes, cometida en Poemario de Nostalgias y Anhelos.

Una parte del poema Si Pudiera... (en concreto la parte que ocupa la página 88) no es de mi autoría, sino que es una creación de mi amiga Ana. El poema original lo podéis leer en este aviso que he redactado para incluir en los libros que me restan por enviar. El poema final, y publicado, es producto de un recorte y modificación que hice (creyendo que era mío) para que se ajustase a la página.

¿Cómo ha sucedido esto? Muy fácil. En ese libro hay muchos poemas que son inéditos en Scriptoria, algunos están copiados directamente de mis libretas, otros los he recuperado de blogs privados o de donde iba colaborando con amigos. La página 88 del libro es una incorporación que hice a última hora. Mi error fue asociar mi parte del poema (pag. 89) al resto del mismo, de la autoría de Ana. De modo que se coló entre mis borradores y, de ahí, a la maqueta final del libro.

Mis más sinceras disculpas a Ana, que se ha tomado esto como una anécdota y con mucho gusto me ha dado su permiso para mantener la variación que hice de su poema en el libro, y a todos los lectores.

Necesito un Título

Amig@s, much@s ya sabréis, a estas alturas, que hace más de un año terminé una novela, meses más tarde El Hombre Sin Tildes, y hace días un poemario del que pronto hablaré. Ahora estoy terminando una colección de cuentos. El comienzo de algunos lo habéis podido leer en Scriptoria y otros son demasiado largos para ponerlos como entradas de blog, de ahí que me decidiera por recopilarlos en un libro.

El problema es que no sé qué título ponerle al dichoso libro de cuentos. Y eso que casi siempre me vienen los títulos en cuanto empiezo a escribir los relatos, pero esta vez no.

Así que os pido vuestra colaboración: escribidme posibles títulos, a ver si saco algo en claro. Para que os hagáis una idea, el libro va dividido en estos apartados (cada uno con sus cuentos):

Cuentos de Hombres Increíbles
Cuentos Terribles con Dos Finales
Relatos de Terror
Tres Cuentos Encadenados
Historias de la Vida
Cuentos Absurdos para Mentes Absurdas

Y posiblemente todos o algunos relatos de Dodecaedro (ver en la barra lateral), y unas Cartas de Amor para una Despedida.

A ver qué se os ocurre. Ah, y mi sangre andaluza me está diciendo que podéis bromear con el asunto :P

Dos Marcas, dos


El otro día me asomé al espejo y me vi marcas, dos. No es que haya dejado de mirarme a diario pero rara vez indago a conciencia en mi piel. Esta vez lo hice como si fuese la superficie de un planeta recién descubierto.

Una de las marcas está en un lado de mi frente, es como una pequeña cicatriz en vertical de medio centímetro; ha aparecido como por arte de magia y la verdad es que la jodía queda bien en ese sitio. La otra marca está en la barbilla, no llega a ser una incisión ni rompe la barbilla en dos pero... vete a saber lo que el tiempo hará con ella.

Las relaciones son como las comidas. Un día te apetece algo y dices: "Tengo hambre ¿qué me has preparado?", te lo ponen por delante y te lo comes. Y a veces incluso te ponen dos platos, dos. Otro día te apetece algo y no hay nadie que te lo sirva, entonces puede pasar que te tires a la bebida, al tabaco... o escribes(¡!), o te lo preparas tú solo, es así o te mueres de hambre, claro.

Las relaciones también son como las marcas que te van saliendo en la piel, a veces llevan años ahí, y no te das cuenta hasta que te acercas a un espejo y las miras a menos de un palmo de distancia.

*foto de aquí.

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Proyectos


Si el año pasado finalizó con la publicación de un relato en Blogs de Papel, con el propósito de buscar editor para mi novela En Ángulo Muerto (cosa en lo que sigo empeñado) y con acabar el cuento de El Hombre Sin Tildes (hecho que se consumó el pasado verano), este nuevo año comienza con el deseo de encontrar editoriales para ambos manuscritos y con el empeño de acabar o perfilar tres más.

Entre relato y relato que sigo poniendo en Scriptoria me sigo devanando los sesos para darles forma a nuevos proyectos.

El primer proyecto, también el más avanzado, es una colección de cuentos. Algunos aparecieron incompletos en Scriptoria, como la Historia del Hombre Muerto, El Hombre con Dos Ombligos o El Hombre de Papel. Otros son inéditos, como El Relojero de Maine, Melocotones Rodantes, El Vendedor de Recuerdos, una serie de Cuentos Terribles con dos finales, un par de cuentos de terror y unas Cartas de Amor para una despedida, entre muchos otros.

El segundo proyecto es una novela corta de la que aún tengo que cerrar la trama. Se titula El Lamentable Descenso de Henry Norton. A principios de los ochenta Henry Norton escribe el final de su tercera novela y recibe una llamada telefónica de un desconocido que le informa que su mujer, desaparecida hace una década, está viva. A partir de entonces comienza a recordar lo ocurrido en los últimos años: drogas, jazz, alcohol y fiestas en la casa de un amigo, un cadáver del que se deshicieron... la desaparición del dinero que recaudó con la venta de sus primeras novelas. ¿Hay alguien interesado en que no ponga fin a su tercer manuscrito? Y, si es así... ¿por qué?.

Comencé a escribir en papel El Lamentable Descenso de Henry Norton como si fuese un entretenimiento en mis tardes de cafés solitarios. Y sigo divirtiéndome de lo lindo con él.

El tercer proyecto es una novela llamada Los Cipreses Doblados y para componerla he partido de una historia familiar que me reservo. Una tarde estaba paseando por el cementerio del pueblo, hacía sol y viento, y me di una vuelta por las calles del camposanto hasta dar con las lápidas de mis antepasados, recordé las historias que me habían contado sobre ellos, y vi que entre lápidas estaban todos unidos, por algo, por historias que quizás nunca saliesen a la luz. Alcé la vista y vi balancearse con furia las copas de los cipreses, testigos innatos de algo. Era como si se torcieran para mirarnos, a mí, a los muertos. Y comencé a crear una trama, a partir de lo que sé de mi familia y de preguntarme el por qué, el por qué con nosotros también acaban enterradas las pequeñas historias imperceptibles de nuestros días.

Cuando llega el final de un año a mí me gusta usar una palabra corta para brindar y ver con buenos ojos la llegada de uno nuevo. Una palabra que englobe a todas las disciplinas y a todo lo que deseeis y soñéis. Tiene cinco letras:

"Éxito"

Os lo deseo, amigos... en todo.

*foto de aquí

Coitus Interruptus


El otro día comencé a ver fotos antiguas y había una en blanco y negro en la que aparecía yo de pie, sobre un sofá, en calzoncillos (no temáis, yo tenía casi 6 años). Y detrás de mí había un tapiz colgado de la pared. Recuerdo ese tapiz porque me solía subir al sofá, me ponía de cara a él y alzaba los brazos como un obseso compulsivo para acariciarlo. A mi madre le daba un coraje monumental que yo hiciera eso y para dirigirse a mí formaba frases con la palabra telele (¿?). Llegado a este punto he de informaros que yo, de pequeño, hablaba muy poco.

Al cabo de un tiempo me compraron un caballo de juguete, de esos que te montabas y el bicho te balanceaba sin parar.

- ¿No te gusta el caballito? - preguntaba mi madre sonriendo.

Y yo me subía y empezaba a tirar de las riendas y a balancearme como un poseso hasta magullarme las ingles, con tanto ímpetu que ni San Jorge dando muerte al Dragón. Pero luego volvía a mi sofá y levantaba los brazos para seguir adorando a mi tapiz como si fuese mi particular monolito negro.

- Pero, niño, hijo... bájate del sofá, móntate en el caballito, en el caballito...

Pero yo apenas le hacía caso, seguía ahí, subido al sofá a la mínima de cambio, frota que te frota. Y es que a mí no me gustaban los caballos, a mí me gustaba la textura de mi tapiz que, por cierto, era horroroso a morir con esos corceles blancos de fondo galopando sobre un río embravecido...

*foto de aquí

Despertar a Distancia


"Desperté en un lugar donde las puntas de los cipreses rozaban las cimas de las montañas. No estaban juntos, los separaban cien kilómetros de distancia. Pero al amanecer abrí los ojos y miré por la ventana y me pareció que las rozaban. Los cipreses se alineaban a un tiro largo de piedra de tu casa y, detrás, las montañas se erigían azules, tras las lanzas verdes de sus cuerpos balanceados por el viento.

Por un momento pensé que nada más existía en nuestro mundo. Sólo los cipreses rascando las cimas altas, lejanas, y, más arriba, un pedazo infinito de cielo blanco y brumoso. Aparté mis ojos y de regreso mi vista cayó sobre la almohada, junto a unos cabellos negros y a unos labios cerrados, tuyos, que todavía dormían las heridas de nuestra batalla."

-.-

Y más sobre El Hombre Sin Tildes... aquí

*foto: AdR

Mi Pequeño Desastre


Ella: pero... si al final, cuando te tengo delante, pienso que todo me vale la pena, que me encantas, que necesito tenerte cerca, que te quiero en mi vida y... y todo lo demás desaparece.

Él: ¿Sabes lo que más me gusta de ti?

Ella: ¿Qué?

Él: Cuando metes la pata en algo, en algo pequeñito, y pones esa cara y sonríes, y dices: "uy..."

Ella: Jajaja, la lío siempre.

Él: Me gusta eso de ti, el pequeño desastre que eres. Como cuando nos olvidamos el coche en el parking de aquel supermercado, o ibas al aeropuerto con toda la documentación caducada, o cuando quedamos y me dejaste bajo la lluvia sin darte cuenta, pasando de largo con el coche... y también cuando decidiste salir a poner la valla del jardín en mitad de aquel vendaval. Te llamaré así: Mi pequeño desastre.

Ella: Llámame como quieras... pero llámame.

*foto de aquí

Culturizar el Cuerpo, Ejercitar la Mente


(Pulsa Play... y sí, sí, la música es de Sor Citroen)

Desde hace unos meses vengo culturizando mucho más el cuerpo que la mente. No, no se me está atrofiando el cerebro, todo va por épocas, es así ¿no?. Pero es cierto que ahora escribo mucho menos para Scriptoria (no lo notáis porque tenía mucho guardado en borradores), y casi todo lo que escribo lo dejo en las moleskines para que formen parte de futuros proyectos que me van surgiendo y se van amontonando en mi alocada y soñadora cabeza. Ya os hablaré de ellos...

En fin, esta entrada es sólo para deciros que estaré un poco alejado de esto durante algo más de una semana, aunque me conectaré en algunos momentos para contestar a vuestros correos (si es que los tengo) bajo los leves efectos de los mojitos y/o el moscatel, que tan buenos resultados me brindó en el pasado Carnaval de Cádiz. De día deambularé por lugares como el de la foto y de noche estaré metido en dos recintos feriales (vamos que yo ya voy empalmando fiestas, no me vale con una, no) divirtiéndome con nuevos y viejos amigos...

... qué dura es la vida del vampiro moderno...

Eso sí, llevaré siempre unas hojas sueltas y un pilot, que nunca falten... por si se me ocurre escribiros algo.

Sed buenos. Nos vemos.

*foto: AdR, saliendo del Atlántico

El Tesorero de Recuerdos


(Lee este cuento ambientado con la lluvia de esta música)

"Vivía en un tiempo, a orillas de un charco inmenso de aguas calmadas, un hombre enamorado de las palabras, que comprendía que el sentir auténtico permanecía, y el tiempo pasaba. Y a este hombre le llegaba flotando a morir junto a su cabaña, sobre lenguas de agua, recuerdos que había regalado a mujeres amadas.

De modo que guardaba: escritos, cuentos, cajas de música, cajas vacías, cajas con cuentos, manuscritos, libros, tazas, flores marchitas, cartas sin lacrar y lacradas, primeras citas, plumas, primeros besos, novelas acabadas, la caja... 

... palabras, palabras... palabras.

Lo recogía todo desde el amanecer hasta bien entrada la madrugada, sobre camas de espuma blanca y salada. Y bajo el silencio y la quietud de su alma permanecía viva la llama de una espera abierta y un amor infinito.

Todo lo que llegaba lo guardaba en un arcón sin pronunciar el más leve de los suspiros ni la más corta de las palabras, y dejando caer las lágrimas más largas. Y en el espejo del agua veía su rostro como el de aquel hombre muerto de la historia que una vez oyó de boca de un cuentacuentos, como si estuviera tumbado, agonizando a suspiros entrecortados entre rocas cubiertas de mariposas blancas.

Hasta que en un lluvioso atardecer se metió en la cabaña y se echó el arcón a la espalda. Se adentró en el charco inmenso y calmado...
... y desapareció para siempre, bajo las aguas."

-.-

y...

*foto de aquí

Devuélveme Mi Boca













*Haz click aquí si quieres ver el texto a mayor tamaño.
Esta vez dejo comentarios abiertos...

*foto de aquí

Sobre el Delirio de Volver a Verte


"Me despierto saboreando tu piel en mi último sueño.
No me muevo.
No puedo.
Me pesa el pecho y las ganas de caminar se fueron.

Hago un esfuerzo.
Me levanto y veo tu sonrisa reflejada en mi espejo.
Meto mis dedos por entre mis cabellos, creyendo que son los tuyos, con su olor durmiendo entre mis besos pretéritos.

Me siento y escribo.
... escribo.
... me escribo.
... te escribo.

Pero mis palabras son incapaces de formar ante mí tu cuerpo.
Emborrono la tinta, me como mis textos, los apuñalo a plumazos y sangran...
... tequieros.

Me los bebo para que no escapen por entre mis dedos.
Las naúseas de tu ausencia recorren mi garganta, raudas a suspiros y desalientos.
Me quedo los tequieros y vomito mis cuentos.
Y sus personajes se levantan del suelo, aturdidos, soñolientos.
Con hambre de ti, de tus abrazos y de tus besos.

De una almohada vacía y huérfana de tus cabellos tersos se levantan mis ganas de volver a verte de nuevo.
Delirio estampado de rojos y negros.
Así son mis días sin ti...
... sin tus besos."

*foto de aquí

Dame tu mano...


*foto de aquí
-.-

Chissst... silencio...
Gracias a todos.