... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

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El Duende de los Deseos

Hoy no traigo nuevo relato pero os comparto una obra de teatro de guiñoles que escribí en varias tardes para interpretar ante niños de 4 años. Sí, fue tarea de padre para la última semana del curso pasado 😇 No esperéis mucho de ella aunque... hay más de mí en sus personajes de lo que a veces uno puede llegar a pensar.

Pulsad en el enlace para acceder a la página de descarga:

El duende de los deseos

*la foto es de aquí

La Última Noche

(Este relato lo escribí el 14 de Noviembre de 1996 -no he corregido nada-. Se lo "regalé" a un amigo, compañero de piso universitario, que solía quedarse solo la noche de los viernes antes de salir de viaje muy temprano a la mañana siguiente. Incluí en él todos los elementos que había en aquel dormitorio... Por casualidad me encontré a Juan este verano, en la feria de mi pueblo. Todavía no me ha perdonado... :D)

foto: google.


Música: Ave Satani (Jerry Goldsmith)

"Es medianoche pero él ya apaga la luz, hoy no le apetece oír el programa de radio, a causa del examen se encuentra demasiado cansado. Además, mañana volverá a casa. Está solo.

Afuera, en la noche, hace frío; pero bajo las sábanas el aire está caliente. Sus pies recorren el colchón buscando un lugar donde el calor no haya llegado para así poder calmar ese ahogo que surge desde su interior.

Tras unos minutos y varias vueltas sobre la cama sus pupilas se adaptan a la leve luz que entra en el dormitorio proveniente de los mismos
agujeros de siempre de la persiana que nunca logra bajar del todo.

Por la noche, en la oscuridad, los objetos del dormitorio se transforman y no son lo que parecen a la luz del día. Ahora mira hacia el estante, está cerca, y logra, a duras penas, percibir las formas de los objetos que en él se encuentran.

La mesa donde estudia, a la izquierda, es más difícil de averiguar. Muy cerca, en el suelo, está la maleta ya preparada, lo sabe porque la puso ahí hace unas horas. Ahora es sólo un bulto negro e inerte ¿un cadáver? Aterrado por la ilusión desvía la vista al techo.

Comienza a llover y las primeras gotas caen golpeando la persiana. Son notas musicales que se unen para formar melodías de desesperación y muerte. Los pósters que aún quedan por quitar son madrigueras de fantasmas que se deslizan vagando por las paredes, buscando un lugar donde permanecer por siempre. Esta noche es el momento.

Él cierra los ojos pero ya es tarde para escapar. Un sudor frío le empapa la frente mientras su cuerpo se retuerce en posición fetal, el miedo se hace evidencia, realidad.

Un último esfuerzo. Abre los ojos: el gran armario. Anoche lo cerró, no queda nada dentro pero las bisagras chirrían y una de las puertas se abre lentamente dejando entrever la oscuridad infinita que alberga su interior.

Paralizado por el terror agarra el filo de las sábanas secas. La eterna oscuridad es una sombra, una calavera que abre sus fauces y se yergue sobre el lecho de muerte a punto de tragar una vida más... como la del cadáver de aquel compañero, confundido con una bolsa, que yace en el suelo."

Regalos

Durante mi Dulce Espera podéis disfrutar de estos regalos:

"Consuelo..."



Gracias a mi Sirena :)

"La Incertidumbre del Ser"



Gracias a dos tejedoras de sueños: Pati y Sureña, por hacer este realidad.

El Agujero Del Tiempo

foto: google

El Agujero del Tiempo. Este es el título de un cuento que escribí nada más cerrar Scriptoria a finales de Marzo. Al principio iba a ser un cuento corto que quedaría bien en un post o dos. Pero luego me di cuenta que era un relato que debía escribir John Steven Rimbauld.

Os explico. Cuando escribí El Relojero de Maine (2004) inventé el personaje de Rimbauld, un escritor norteamericano de cuentos del siglo XIX. En el relato sólo lo nombraba, y lo inventé con el pretexto de que fuese el autor de una serie de cuentos que tenía en mente. Así que El Agujero del Tiempo es una narración que destila la pluma de J. S. Rimbauld. Al ser tan extenso, seis páginas en Word, he decidido colgarlo como una página web para que lo leáis (si tenéis ganas, claro). Lo saco a la luz porque este relato no hubiera sido posible, tal cual es, sin el apoyo de estas 3 personas:

- Pati. Por ayudarme a encontrar las cosas que se quedaban dentro del agujero; y por decirme que es un cuento de tapa dura.

- Asun. Por darme los ánimos necesarios para acabarlo y por decirme que estoy maravillosamente loco.

- Jesús. Sin él este cuento no hubiera sido el mismo. Gracias por contarme cuando te adentraste en un bosque y por la recomendación musical para la lectura. Es perfecta. Buena parte del misterio de este cuento es de tu cosecha.

Os pongo aquí el "Preludio a La Siesta de un Fauno". La música debe empezar a sonar cuando las niñas del cuento empiecen a oírla. Que tengáis una buena lectura.... J. S. Rimbauld seguirá escribiendo.

Lee El Agujero Del Tiempo

La Estrella Fugaz

¿Recordáis a la protagonista del post El Bostizo? Hoy quiero hablaros de la noche en que se fue.

foto de aquí

No miento cuando os digo que sólo he visto caer tres estrellas fugaces en mi vida. Una fue cuando disfrutaba de una caminata nocturna por el campo, otra durante una noche de verano, mirando por el ventanal de la terraza de la casa de mis padres mientras oía música, y la última fue el 4 de agosto de 2001, en la madrugada en que mi abuela se fue. Desde ese día he notado que miro al cielo bastante menos de lo que desearía. Hasta entonces nunca había visto la muerte tan de cerca. Es algo sobrecogedor, saber que una persona se va porque sí, porque es ley de vida, y no puedes hacer nada por evitarlo. Tan sólo estar ahí hasta el final.

Cuando ocurrió lo de mi abuelo no estuve presente para verle. Llegué cuando todo había acabado y él se encontraba tumbado en la cama, tapado con una sábana blanca a la luz de dos enormes velas. Quizás por eso con ella fue diferente. Aún así (y después de haber pasado cierto tiempo) os puedo asegurar que un halo de belleza rodea nuestro cuerpo cuando nos marchamos, lo comprobé cuando me quedé solo en el dormitorio, con ella. Más allá del dolor y la tristeza por la ausencia no podemos evitar una leve sonrisa interior cuando recordamos la grandeza de la persona que se ha ido, los detalles que hacían que cada momento transcurrido junto a ella fuese único, casi mágico; porque te escuchaba, te miraba y se dirigía a ti con una ilusión desbordante, como si hubiese nacido sólo para eso.

Mi abuela fue aferrándose a un hilo que le quedaba de vida, un hilo en forma de pequeños suspiros intermitentes entre el tiempo y el silencio de los presentes. Cuando exhaló el último de ellos le cambió la cara. Estaba más reluciente y guapa que nunca. Mi madre se acercó a mí y le hablé en un abrazo que no puedo poner en palabras. Eran las 3:40 de la madrugada, salí a llorar al paseo marítimo y al cabo de unos minutos vi la estrella caer... dejó un surco en la noche que duró algo más que el último de los suspiros de mi abuela.

Capítulo X extraído de El Mundo donde Vivo, 2004.

Estampa Daliniana

Ya publiqué en Scriptoria dos capítulos de El Mundo Donde Vivo (un relato verídico de vivencias). Fueron: Lo Más Bonito y Amenaza Nuclear. Ahora os regalo este otro...

foto de aquí

"Antes (durante los veranos de los 80) solíamos ir a pasar el día toda la familia a una playa de las afueras del pueblo: mis padres, mis tíos, mis primos... Como no teníamos coche teníamos que coger el autobús desde el barrio más cercano, también íbamos andando o en bicicleta. A mi tío J. le gustaba llevar los bártulos más pesados en su bici, y se iba muy temprano para montar la caseta sobre la arena. La caseta era un cubo enorme que había tejido mi tía L., como un gran dado con una de las caras abiertas a modo de entrada, dentro guardábamos las bolsas, las cestas de palma (que hacía mi abuelo) repletas de comida, las mesas y las sillas plegables. A mí me gustaba verla azotada por el viento, con mis tías dando gritos alrededor.

La playa estaba formada realmente por un brazo de mar que, a modo de río, horadaba el terreno. No era muy ancho aunque sí caudaloso, pero se podía cruzar a nado cuando la marea estaba muy baja. Ahora ya no ocurre... pero antes, los días en que soplaba un viento suave de poniente, una arena aromatizada de piñones, fina y blanca, bajaba del pinar hasta la orilla. A mi me gustaba andar por el borde de ella, del pinar a la mar.

Yo tenía diez años cuando, cierto día, nos dejaron un barco a motor para darnos un paseo por el lugar. Mi padre, mi tío J., mi primo y yo nos llevamos unos bocadillos y navegamos hasta el comienzo del brazo de mar. Paramos al otro lado de la playa, en una cala de arenas casi virgenes y aguas tranquilas. Nos quedamos mucho tiempo por allí, viendo cómo los lenguados y otros peces quedaban acorralados en charcos moribundos y el sol volvía de dorado las crestas de unas rocas lejanas.

Se hizo tarde y llegó el momento de volver, pero la marea había bajado y el barco a motor había quedado varado en la orilla como si una sirena de piel blanca y cabellos oscuros hubiese elegido ese lugar para morir y se hubiese arrastrado movida por la pena, a unos cinco metros del agua del mar. Nuestros esfuerzos por empujar la embarcación fueron en vano así que tuvimos que esperar unas horas a que el agua le devolviera la vida.

Para entonces el brazo de mar despuntaba ya bajo la luz de la luna y, tras veinte minutos de viaje logramos divisar la playa vacía. Pero allí estaba aún, el enorme dado que formaba la caseta en un desolado y oscuro paisaje, una escena como sacada de la cabeza de Dalí, con mis tías y mi madre a la luz de la luna, sentadas en unas sillas alrededor de una linterna agonizante, resignadas ante la necesidad del momento... esperando nuestro regreso."

Capítulo XII extraído de El Mundo donde Vivo, 2004.

Lo más bonito

"Un nublado día de Octubre de 1979 mi padre dijo que ya podíamos volver a casa. Mi madre había regresado del hospital. Me cogió de la mano y salimos de la casa de mis abuelos. Minutos más tarde estábamos subiendo los últimos peldaños de la escalera de nuestro piso del tercero. Se paró tras abrir la puerta y me indicó que ya podía entrar a ver a mi madre. Corrí por el pasillo hasta llegar a la salita. El sofá era de esponja, forrado con una tela marrón y con dibujos de color naranja y vainilla que formaban un enorme campo de flores, los desnudos brazos del sofá eran de madera. Era el mismo sofá donde mis padres habrían hecho el amor, con toda probabilidad, decenas de veces antes de que mi hermana y yo llegásemos a nuestro mundo.
Pero ahora en ese mismo sofá, y coronadas por una aureola de claridad que penetraba por la ventana, podía ver recortados los contornos de las figuras de mi madre y de mi hermana pequeña, acunada entre sus brazos. Me acerqué con sigilo y me coloqué de pie, frente a ellas. Mi madre se inclinó y me dio un beso, luego me dijo: “Mira, esta es tu hermana... ¿te gusta?”. Yo asentí sin pronunciar palabra mientras la miraba dormir, con su ropa blanca y menuda, su cara regordita, su naricilla respingona, su frente despejada y su cabeza redondita y pelona. Sus manos eran diminutas, una de ellas abierta con sus dedos pequeños, largos y delgados, y la otra cerrada como si tuviese cautivo un pajarillo que no quiere dejar escapar. Sonreí y pensé que era lo más bonito que podía llegar a contemplar de este mundo... y era mi hermana".

Capítulo V extraído de El Mundo donde Vivo, 2004.
Foto: Anne Geddes

Amenaza Nuclear

Foto de aquí

La segunda mitad del 2004 fue un año bastante productivo para mis escritos. A finales de ese año escribí El mundo donde vivo. Una especie de recopilación de recuerdos verídicos sin orden ni concierto y divididos por capítulos. Me salto las reglas que me impuse al abrir Scriptoria (me dije que no pondría relatos aquí) y reproduzco uno de ellos (los más personales los guardo para más adelante):

"Resulta curioso cómo el mundo que podemos percibir crece conforme nosotros mismos vamos progresando con él, en el tiempo y en conocimientos. Tendríamos unos nueve o diez años cuando en el colegio El Batuta nos explicó lo de Gadaffi. Aún así no conseguíamos entender muy bien qué era eso de la OTAN, las bases militares, los Estados Unidos y la consiguiente amenaza nuclear para el país. Lo que sí logró fue meternos el miedo en el cuerpo porque, cuando hablaba, El Batuta en eso era el mejor. Pero, créanlo, era (y seguirá siendo toda su vida) un profesor ejemplar. Incluso cuando te felicitaba por lo bien que lo hacías no conseguías parar los temblores... Pero, bueno, minucias aparte ¡qué gran maestro!.

Aunque hable así de él aún no ha muerto, no se crean, le debe quedar cuerda para rato. Hace unos meses fueron las fiestas del pueblo y lo vi junto a su mujer, ya está muy mayor aunque todavía conserva esa aura de temeridad, tan propio de él.


Nadie pudo saber nunca cómo venía vestido al colegio El Batuta. Hay quienes dicen que ya venía con esa bata blanca y con las gafas oscuras desde su casa, que no se las quitaba ni para dormir. Lo cierto es que todos nos quedábamos mirándole anonadados si lo veíamos los fines de semana paseando por las calles del pueblo (sin bata pero con las mismas gafas de siempre) y con su esposa agarrada del brazo.

Es cierto que cuando acabas todos los estudios miras atrás y piensas que hay muy pocos profesores que realmente hayan dejado huella sobre uno... El Batuta fue uno de ellos (o quizás el único) y lo de la amenaza nuclear siempre lo vimos como uno de sus cuentos de terror perecedero."

Capítulo VIII extraído de El Mundo donde Vivo, 2004.

Luke, el Dado y Puro Azar, vol. II

En realidad no queda mucho más por decir del modo de elaboración de este relato, todo lo podéis encontrar en el vol. I.

Sólo deciros que en lugar de finiquitarlo con un solo final decidimos hacer cada uno nuestro final y a través de una anotación al lector aclararle que tirase un dado de 6 caras para decidir qué final correspondía a la novela (1-2 Final I, 3-4 Final II y 5-6 Final III).
Como nota adicional os diré que hay una segunda parte del libro de Luke, llamada The Search of the Diceman, pero aún no se ha traducido al castellano. Una soberana vergüenza, vamos.

Y ahora un pedacito extraído del Capítulo III de Puro Azar, que fue titulado Lecciones de Limpieza.

...Bajó la ventanilla del coche para poder despejarse tras un día tan movido. Los semáforos se iban poniendo en verde según los alcanzaba. Genial. En pocos minutos llegó a casa. El sueño le arrastraba a la cama pero la obligación de echar un último vistazo al baño era mayor.

Abrió la puerta sin que sonara ruido alguno. Había limpiado la bañera y el suelo y no encontró ninguna huella que pudiera delatarle. Cansado se detuvo ante el espejo que le devolvió una imagen alentadora. Las entradas en su pelo moreno le daban un aspecto interesante. Le brillaban los ojos y todavía tenía una media sonrisa que cautivaba a su Raquel.

La media barba le daba un tono desaliñado, algo salvaje, muy de macho, muy de moda. Mañana se afeitaría. O quizá no. Depende del Dado.

¿Habré perdido la razón con esto del Dado? El día que fui a un centro de hombres aleatorios del Dado pensé que había descubierto la verdad, que había visto la luz, pero no sé si lo estaré llevando demasiado lejos.

Allí disfruté con la habitación de la cama redonda. O con la sala de los diez minutos de diferentes personalidades. Debería ponerme en contacto con el creador de todo esto, con Luke Rhineheart. Él podría asesorarme. O tal vez tiraría su Dado para contestarme. ¿Estaré siguiendo las ideas de un loco o de un genio? Es igual. Me siento bien. Cuando el Dado me abandonó creí enloquecer. No quiero perder la segura aleatoriedad de mis actos. Y he conocido una nueva cara de Raquel. Maravillosa, con derivación del Dado, la Moneda. Debo decidir algunas cosas y mañana puede ser tarde. ¿Tiro ahora el Dado?, le preguntó a su imagen.

Salió del baño y se desplomó sobre el sofá. Bolígrafo en mano comenzó a escribir las opciones:

1.Enseñar a Raquel y a otras personas las excelencias del Dado.
2.Tener una personalidad cada media hora durante una semana.
3.Contactar con Luke Rhinehart.
4.Abandonar el Dado y entregarme a la policía.
5.Abandonar mi trabajo de publicista y partir a la India.
6.Contarle los dos asesinatos a Raquel.

De nuevo Él dictaría sentencia. Sin adornos, sin oraciones, sin florituras tiró el Dado. Un tres.

- Joder. A ver cómo coño encuentro yo a Luke - dijo en voz alta.
- ¿A quién? - preguntó Raquel desde la puerta del salón, con su media melena castaña despeinada y un tanga minúsculo.

Luke, el Dado y Puro Azar, vol. I

Ya os conté en anteriores posts que os hablaría de una pequeña locura llamada Puro Azar (llevada a cabo por dos amigos y un servidor).

Todo comenzó un día de cumpleaños en el que una amiga me regaló El Hombre de los Dados de Luke Rhinehart. Devoré el libro en cuestión de días, y no fueron horas porque saboreé cada soez y sucio capítulo como si fuera un animal sediento de lujuria que pide cada vez más y más para saciar un sentimiento desconocido hasta entonces.

El protagonista de la novela tomaba decisiones dependiendo del designio de un Dado (del resultado de sus tiradas). Muy divertido, e impredecible casi al 100%.

Mis amigos se leyeron el libro y el Dado fue el tema conductor de muchas bromas hasta el punto de tener la idea de comenzar a escribir un relato seguido por los designios del Dado.

La idea era la siguiente:
Uno empezaría a escribir (1-2 páginas) la historia de un hombre que usaba un dado para tomar decisiones, a semejanza del protagonista del libro, luego otro de nosotros continuaría el relato (hasta 3 personas). Y a continuación volvía a comenzar el ciclo.

Es lo que se ha llamado siempre un "relato en cadena". Con la curiosidad de que, cuando al protagonista le tocaba asignar acciones a cada tirada del dado nosotros tirábamos de verdad un dado verde (propiedad del loco que funda este blog :D) para ver por donde debíamos seguir escribiendo el relato. Demencialmente divertido.

En un e-mail consulté a los otros dueños del relato en cuestión sobre la posibilidad de poner trozos del texto en el blog y llegamos a la conclusión de que podría postear extractos, pero no el relato completo, que se extiende hasta poco más allá de las 100 páginas.

Pablo, en un e-mail, me escribió: "Utiliza ese texto para mostrar al mundo, submundo, lo que pueden hacer tres mentes alienadas por un trabajo basura y lo fantástica que es la mala literatura para volar y evadirse".

Y eso voy a hacer. Ahí va un pedazo de Puro Azar. El comienzo. Otro día postearé algún trozo suelto de otro capítulo de esta novela corta que escribimos hace años en nuestros puestos de trabajo basura ;)


CAPÍTULO I
THE DICE RULES

- Lo siento, tiré el dado y me salió un 2. Quizá el resultado es algo ilegal pero es que tenía que adjudicar dos posibilidades sobre seis de que le tocase a usted. Porque realmente ha hecho méritos. Llevo casi tres semanas esperando a que apareciera por la puerta... y ahora que ha venido... bueno, ya sabe.

El pobre hombre no hacía más que jadear, arrodillado entre el lavabo y el inodoro, con las manos atadas a la espalda y el mono de trabajo puesto y manchado de sangre. Levantó la cabeza y preguntó:

- Pero... ¿Qué le he hecho para que me trate así?... ¿por qué...?
- ¡¡Cállese o va a ser peor!!... si quiere que le explique...

Se volvió para cambiar la llave inglesa por el martillo de acero de doble cabeza... ¿o quizás sería mejor el serrucho?. Bueno, eso daba igual.

- Verá, llevo mucho pensando en esto y sus palabras no van a cambiar el destino que el Dado dictó en su momento – hizo una pausa -. Entiéndame, si salía un 1 le iba a tocar al conductor del 224, el muy cabrón no deja entrar a nadie más de la cuenta porque no quiere que vayan de pie. Con un tres la número doscientos ochenta y dos de la plataforma iba a amanecer amordazada dentro de uno de esos armarios que no se abren nunca porque nadie utiliza, por fea y prepotente. Con un 4... bueno, con un 4 lo hubiese tenido difícil porque no tengo ni puta idea de quién es el que ideó la herramienta informática con la que suelo trabajar. Un 6 hubiese estado bien... – dijo pensativo y mirando al techo- pero finalmente la papelera y la moqueta del departamento no serán bañadas por mis excrementos en plena hora punta... y, claro, sólo quedaban el 2 y el 5. Ya le dije que usted tenía doble probabilidad pero la verdad es que se lo ha merecido.

- ¡¡¡Está usted loco!!!- Quizás, pero usted nunca llegará a saberlo porque el Dado ha hablado y ha decidido que su tiempo ha llegado. Es su hora.

El hombre se abalanzó sobre el fontanero y no cesó hasta que todo el baño quedó salpicado de rojo y el fin de los jadeos acallaron el lugar. Sólo le quedó una duda: ¿Quién puñetas iba a desatascar todo esto?.

Obsesión

Hace 10 años escribí este relato corto. Los que lo leyeron no llegaron a entenderlo. Así que comencé a sospechar que eso se debía a que estaba mal escrito, claro. Como ahora tengo este blog he decidido publicarlo aquí (tal y como lo dejé en 1997) y que me déis vuestra opinión.

Lo quise hacer un relato-adivinanza pero me salió un tanto enrevesado o "paranoico". Simplemente habría que responder a estas preguntas:

1) ¿Cuántos personajes hay en el relato?
2) ¿Dónde está(n)?

El relato no es nada del otro mundo, sólo un divertimento.

Pondré la respuesta (si nadie lo ha adivinado) el lunes 5 de Noviembre en los comentarios a este post. Estos días me voy a hacer una ruta artística y gastronómica por Castilla y León ;)

Pasadlo bien.

OBSESION

- Conocí a Marta en uno de esos cabarets a los que acuden algunos tipos para eliminar su estrés tras una dura jornada de trabajo, algún que otro borracho impertinente y los curiosos que, como yo, se sienten atraídos por el sorprendente cartel anunciador del espectáculo.

“Quizás por lo mismo está ahora aquí, sentado, aunque, para mal, no es curiosidad lo que le ha movido sino más bien la más turbada locura que casi ciega sus cinco sentidos.”

- Era maravillosa. La tenue y parpadeante luz azul del cartel de “MARCO´S”, que bañaba el dormitorio de mi apartamento, recortaba sus sensuales curvas proyectando sobre mí la sombra del esbelto cuerpo que pronto sería mío.

“Me pareció que el ver los relucientes trajes le hizo recordar más detalles.”

- Mi mirada cruzaba la habitación y se paraba en su picardía rojo que se deslizaba por su piel, raudo como el movimiento de alas de mil mariposas malvas, y que caía al suelo, con el brillante centelleo de sus lentejuelas.
>Entonces venía hacia mí y era cuando podía contemplarla en todo su esplendor y belleza: sus largas piernas, sus tiernos senos, su ondulada y oscura melena... pero antes había recogido el picardía y lo traía en la mano como el valeroso hombre que se acerca con aires de victoria, y temor ninguno, a las armas de la bestia.

“Ahora sí, era evidente que comenzaba a hacer comparaciones con lo que estábamos presenciando.”

- Pero no, esta vez el animal no volvería a ser yo. No obstante, seguí su juego, el que siempre me proponía sin vacilaciones, y disfrutaba haciéndole creer que era ella, y no yo, quien llevaba las riendas.

“Sus ojos cayeron sobre el recién salido jinete en el instante en que pronunciaba la última palabra.”

- En el aire flotaba, envolviéndome, el embriagador perfume de su prenda. Sus rojos labios recorrieron mi cuerpo erizándome el cabello y acariciaron orejas, frente, ojos y cara hasta llegar a mi boca donde su lengua, húmeda y cargada de licor, irrumpía serpenteando entre mis dientes. >Luego, lo de siempre, sus jadeos se tornaban intensos y yo, excitado, pellizcaba sus endurecidos pezones, sonrosados como los de una dulce e inocente niña.

“El espectáculo llegaba a su fin y, al parecer, su historia también.”

- Ya lo había hecho con muchas otras pero Marta no era como las demás, con ella era especial. Aunque no por eso iba a acabar de distinta forma que todas. Al amanecer su pelo de azabache salpicado por la muerte se esparciría por el suelo, su perdida mirada jamás volvería a recuperar su rumbo, y la sugerente prenda, aún más roja, yacería sobre sus castigados senos, ya fláccidos y sin vida.

“El animal, como siempre, había muerto, sacrificado, como tantos otros. Ahora saldríamos de la plaza y detendría a este pervertido acusado de cometer cinco asesinatos a sangre fría.”