... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

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Scriptoria en El Megáfono

(Actualizado 20 de abril de 2011 con el audio del programa)

Esta semana no hay relato. Pero sí podréis escuchar hablar de Scriptoria, y supongo que también un poco de mí, en el programa de radio El Megáfono. Las personas que hacen el programa han tenido el valor (o la temeridad) de hablar sobre Scriptoria en su sección bitácoras.

Fue el viernes 15 de abril, de 18 a 19 horas. Si por algún compromiso no habéis podido oírlo aquí os lo dejo. Hablan de Scriptoria desde el minuto 24:29 al 35:45


Ir a descargar


Para agradecerles el detalle les he cedido un ejemplar (que todavía atesoraba, sí) del  libro que autoedité (Poemario de nostalgias y anhelos) que sortearán entre los oyentes que respondan correctamente a una pregunta que realizarán durante la emisión del programa.


Aquí os dejo el enlace al evento de Facebook creado para la ocasión: Sorteo en El Megáfono
Y aquí el enlace a la página de Facebook del programa, donde habrá que responder a la pregunta mediante un mensaje dejado en su muro: El Megáfono

Todavía estáis a tiempo de entrar en el sorteo, anunciarán al ganador o ganadora en su próximo programa.

Tribulaciones de un Sicario


Empiezo esta recomendación literaria con una disculpa: Que me perdonen el resto de autores que han publicado con Editores Policarbonados pero el libro que aquí reseño es para mí, y hasta ahora (aunque aviso que aún tengo en cola varios por leerme), la joya de la corona de esa editorial.

Ya en la contraportada comienzas a leer: "Una ciudad olvidada. Un grupo de sicarios aficionados. Secretos de familia. El halo envolvente de la decadencia..."

Con esos ingredientes se le antoja a uno imposible no darle la vuelta al libro, abrirlo y comenzar a leer e inmiscuirse en la trama que esconde la historia de Anselmo de la Rúa, el aspirante a sicario y protagonista de esta novela. Elena Casero, la autora del libro, usa la narración en primera persona y en boca del propio Anselmo para describir todo lo que le rodea: lo que ve y no le gusta, lo que oye, lo que calla, lo que teme, lo que ha perdido... o lo que siente, desde cuando debe convertirse en la sombra de un hombre (¡sin tan siquiera tener coche para poder seguirle!) hasta lo que siente por no poder estar colgado de los pechos de su añorada doña Celia.

Cada personaje que aparece en la trama (y uno de mis favoritos es Antonio) está deslizado con una suavidad sorprendente y en absoluto desentona, en ningún párrafo del texto, ya sea para crear una situación cómica (que las hay, y muchas) como para aclarar aspectos de la trama.

Tribulaciones de un sicario es la tercera novela de Elena Casero. Y a buen seguro que no va a ser la última. Para adquirirla (y ya va por su segunda edición) sin gastos de envío pincha aquí.

O también podéis acudir el día 2 de julio a la presentación que hará su autora en Valencia, también estará Raúl Ariza con su Elefantiasis, en la librería Primado, a las 20:00h. Una ocasión única para pasar un buen rato con ambos.

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Hasta aquí las reseñas, el viernes un nuevo relato en Scriptoria. Más adelante reseñaré: August Tercero Foer, Y tu luz en mis tinieblas, Elefantiasis y El paraíso intransigente.

*foto de aquí

Estampaciones


A la pregunta "¿Quién eres?" Alena, la autora del libro que voy a recomendar, contesta: "Una mujer que mira". Y yo añado además que escribe como pocas lo hacen.

Estampaciones (de Editores Policarbonados) es un libro de relatos muy cortos (a modo de entradas de blog) que, al menos para mí, van conformando un paisaje panorámico de balcones y ventanas de adornos variados; son estampas donde tienen cabida desde el humor de El ángel o Casa nueva (que nos deja con una maliciosa sonrisa en la boca), hasta el conmovedor Como las flores. Estampaciones también nos despierta la imaginación con curiosidades, como la que tiene uno de los personajes, que se pregunta qué pasaría si entrase en una fotografía.

Y como nota predominante... el acto de mirar y ser contemplado. En este libro de relatos ese acto de mirar es tan básico y necesario como el de alimentarse o respirar. Y no resulta nada difícil perderse entre los renglones de Ladran los perros o Leyenda de la ausencia, y rescatar de ellos la poesía que Alena ha escondido por encima y bajo sus palabras. Prosa poética.

Podéis adquirirlo online aquí, o acercaros a la librería La Clandestina.
Y os recuerdo que este mes de junio el envío de sus libros os saldrá gratis; están de aniversario.

-.-

La semana que viene: Tribulaciones de un sicario, la magnífica novela de Elena Casero. Más en el primer comentario.

*foto de aquí

Días como Todos


El primer libro de la colección Poemas de Editores Policarbonados es un libro de poemas diferente a cualquier otro que pueda caer en tus manos.

Yo tengo la mala costumbre de usar signos de puntuación en los pocos versos que escribo. Jorge Arbenz, como buen poeta y autor de este libro, no lo hace, pero no queda ahí la cosa sino que rompe los versos de una forma muy original, así que puedes estar leyendo un verso y, antes de que llegues al final del mismo, encontrarte con una palabra que comienza en mayúscula (supuesto inicio del siguiente verso) o notar que algo falta, siguiendo en el verso posterior.

Ignoro si esta forma de escribir ya se había usado antes pero es muy original y nos invita a prestar más atención a la lectura de sus poemas, que tratan temas tan cercanos a todos como la soledad, el desamor, las ausencias, los recuerdos...

"44 poemas desnudos, limpios, directos y de temática universal", tal y como nos dice Marisa Belmonte en la sinopsis de la contraportada. Así es Días como Todos.

No sé a qué esperas para comprarlo, en La Clandestina. Además, este mes están de aniversario y enviarán los libros publicados por su editorial que compréis sin coste alguno a la península y Baleares. Aprovechad esta ocasión.

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El viernes un nuevo relato en Scriptoria y la semana que viene las reseñas de: "Estampaciones" y "Tribulaciones de un sicario"
*foto de aquí

Primitivo Ramo de Orquídeas


Desde hace un tiempo he estado leyendo libros de amigos que conocí por este medio y que han conseguido publicar. Ya es hora de que haga algunas reseñas en este blog. Os advierto que soy malísimo reseñando (así que no esperéis gran cosa). Algunos de los libros que voy a comentar salieron al mercado editorial hace tiempo, aun así no me gustaría dejarlos pasar sin que tuvieran un hueco en las estanterías de Scriptoria. Comenzaré con Primitivo Ramo de Orquídeas.

Así se titula el primer libro de cuentos de Gilda Manso.

En él cada cuento tiene los elementos justos. Cada historia es como una breve receta de cocina, exquisita, sencilla y perfecta. Si le quitas un ingrediente pierde sabor, si le añades alguno es muy posible que el cuento rebose de su recipiente y el plato se arruine por completo.

No voy a mencionar los títulos de los cuentos que son dignos de destacar porque todos tienen algo, un aura única que los envuelve y que unida a las demás forman un pequeño universo (donde se mezclan los elementos fantásticos con los cotidianos) que no os dejará indiferente y, la mayoría de las veces, con ganas de volver atrás para degustar de nuevo sus historias.

Podéis adquirir el libro en papel o en formato e-book pinchando aquí.

Además agradezco a Gilda la dedicatoria de uno de sus cuentos: El Reloj Varado.
El blog de Gilda es La Vida Roja
Espero (im)paciente tu próxima publicación.

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Y en la barra lateral: Repugnante, mi columna del viernes en La Voz de Zamora

*foto de aquí

Llave de Abril


Durante esta semana, Carlos, Ana, Nhoa y yo, hemos escrito un relato titulado Llave de Abril en este blog:

Los Magos

Con él hemos querido conmemorar el Día del Libro.

El relato se ha ido escribiendo usando la técnica de los cadáveres exquisitos.
Podéis leer cada una de las partes pulsando en cada vínculo:
Primera Parte (Carlos)
Segunda Parte (Sureña)
Tercera Parte (AdR)
Cuarta Parte (Nhoa)

O bien podéis leerlo en formato libro a través de Scribd, pinchando aquí (una excelente idea de Nhoa). Este es nuestro modo de felicitaros en el día de hoy: regalando palabras.

Y aprovecho para felicitar a todos los libros del mundo, a los escritos en cualquier idioma, a los que nos enseñaron a leer, a sumar y a restar, a los que mutilaron o quemaron en hogueras y se perdieron para siempre, a los que hemos leído decenas de veces, a aquel libro que tienes apartado y que aguarda en silencio en tu estantería, a los que reposan en un cajón cerrado y a los que esperan a ser publicados, a los que nunca verán la luz y a los libros que aún no tienen forma porque son sólo historias que guardas en tu cabeza.

(Abro comentarios aquí, por si queréis dejarme algo)

* foto de aquí

La Carta


(Esto lo escribí hace dos años y lo he ido aparcando desde entonces. Es para mi amiga Asun, que me contó esta historia echando una de nuestras tardes en Madrid)

- No me lo puedo creer... ¿me estás diciendo que no la has abierto? - pregunté asombrado.
- No, él lo quiere así - dijo ella con suma tranquilidad - y debo respetar su decisión.

Sonreí, como siempre lo hacía cuando hablábamos de nuestras historias, mientras le pegaba un sorbo a mi taza de café.

Ella me imitó. Una leve ráfaga de viento, casi imperceptible, pasó entre los dos como si quisiera barrer de la mesa la historia que me había contado de la carta, pero era demasiado buena como para dejarla ir sin más, ni con el viento ni con las olas furiosas del mar podía dejarla marchar.

- ¿Y no notas cómo la curiosidad te va comiendo por dentro? - apunté quisquilloso.
- Pues... si te digo la verdad, no me muerde lo suficiente. Además, ya sé lo que pone dentro de ese sobre.
- Sabes lo que pone, pero no cómo lo pone. Yo creo que lo interesante es siempre saber cómo se cuentan las cosas ¿no?.
- Sí, pero no debo abrir el sobre. Él me telefoneó nada más echar la carta al buzón. Se arrepintió, me dijo que no la abriera, que guardara el sobre cerrado para siempre. Lo prometí, no querrás que rompa mi promesa ¿no? - inquirió.
- No, claro. Él es tu amigo. Desde luego, me dejas atónito. ¿Por qué te pasan estas cosas?.

Nos echamos a reír. Acabamos los cafés y nos despedimos. Ella se perdió por la boca del metro y a mí me dio la impresión de que se llevaba plegadas sus historias en uno de los bolsillos de sus vaqueros. Y aquí sigo, admirándola por ser la silenciosa guardiana de un amor impregnado en unas páginas y encerrado en un sobre que, una vez enviado, su dueño se arrepintió de declararle. Todo por no enturbiar uno de los más bellos vínculos que existen: la amistad.

*foto de aquí

Por los Pasillos del Metro


Miguel me ofreció hace tiempo su blog para mostrar algún escrito que tuviera relación con Madrid. Guardo desde hace mucho algunos textos sobre la ciudad que ha sido como mi segunda casa (textos que no salieron en Scriptoria). Así que le doy las gracias a Miguel por darme la oportunidad de exponer una muestra de lo que escribo en su blog Mis fotos de Madrid.

Hoy, para leerme y para disfrutar de sus fotografías, tenéis que pinchar aquí.

Gracias.

* la fotografía es del blog de Miguel.

De Surcos y Suspiros


Música: Frederic Chopin - Nocturne (strings)

Mientras el piano acompaña al violín y crean este nocturno (irrepetible en la historia de la música) imaginad que en un pueblo costero hay un taller, que dentro de ese local se ha quedado, a medio tallar, los perfumes nuevos de la caoba y de la madera de cedro. Que el taller es de un hombre silencioso y semblante serio que se encerraba allí a diario y dejaba que la música guiase sus virtuosas manos para crear formas, figuras... y majestuosos surcos, hojarascas y volutas que se erigían altas en la madera virgen.

Imaginad que ese hombre talló la crestería y los faroles de este paso, entre muchas... muchísimas otras obras que atesoró en su casa y que nunca mostró al público.

Y, si seguís imaginando así, podréis incluso ver cómo los buriles, los cinceles, las gubias y los martillos... siguen tallando (ellos solos), levitando al son que marcan las cuerdas del violín, aquella obra huérfana que ha quedado sobre la mesa del artista.

Imaginad también, y sentidlo, que el último suspiro del tallador se derramó por el alféizar de su ventana, viajó por las calles del pueblo hasta su taller, serpenteó en el aire, entre sus herramientas, y se transformó en un surco sobre la madera inacabada; un surco que talló en un susurro la última y la más bella de las volutas de caoba.

Si imagináis todo eso... imaginaréis bien.

*foto de aquí

Vestida de Rojo


(Puedes oír la versión a piano o la original -yo recomiendo la primera- pero, como diría ella, elijas el "Sweet Child Of Mine" que elijas... pulsa Play y ponte de rodillas... ¡Son los Guns!)

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Música: Sweet Child of Mine (Guns´n´Roses) (piano/original)
Letra y traducción

"Ella tiene los ojos verde abismal. Son los ojos de una actriz que dejó demasiado pronto los escenarios. Aunque diga que no, que no son abismales, y que no fue actriz, pero yo sé que algo de ella se quedó a vivir entre los entresijos y bambalinas del sueño de una dulce noche de verano.

Como algo de ella se va quedando, poco a poco, en cada persona que acaricia, que toca, que palpa... y que siente bajo la piel que cura y alivia con sus propias manos.

Y esto bien podría ser el comienzo de un cuento incompleto de una dulce niña que, de mayor, quería curar el color rojo de las personas enfermas. Así que una mañana su madre le enfundó por sonrisa un vestido carmesí, para que se acostumbrase al roce y a los golpes de su tonalidad...

"Rojo. Porque es el color de muchas cosas" le diría perdiéndose en su verde mar.

El que más huella deja sobre la piel, el color de cuando haces el amor, de cuando sufres, ríes, te enamoras, lloras o te enfadas. Y al crecer lo comprendes, y dejas un hueco en la palma de tu mano para ver si ahí puede caber todo el dolor en rojo que guardamos, el tuyo propio, el de las personas que amas. E intentas hacerlo roca para lanzarlo bien lejos, como si fuera una pequeña piedra que ni el viento hará temblar...
... para que llegue más allá de la línea del horizonte, que la tuerza... y que no vuelva...

... que no vuelva
... que no vuelva.

Y en mi cuento incompleto mi dulce niña aún no se ha hecho mayor; sujeta con la punta de sus dedos los bordes de su vestido, y baila y salta al son de la música de la vida, y ríe y vive al son de las palabras que cantas.

Esto bien podría ser el comienzo de un cuento incompleto, pero no lo es, es...
... sólo un pedacito de ella."

*foto de aquí

Para Siempre (relato)

(Este relato nace de los comentarios que se han escrito al oír esta música)

Lee el primer comentario. Hago unas aclaraciones previas a la lectura de vuestro relato.

"(Ella)

Abrí mis ojos, alargué mi brazo derecho y la nada fría y vacía me sorprendió, estremeciéndome del otro lado de las sábanas blancas. Era la luz la que jugaba con mi piel, parcheándola en caricias luminosas, templándola y devolviéndole la calma. Como si cada vez que el reloj marcase las diez de la mañana la vida se me escapara en cada aliento, y luego volviera entre recuerdos a mí... llenando los huecos que permanecerían vacíos hasta que la muerte se llevara un día el resto o la nada. Ahora veo una línea anaranjada en el horizonte sobre un cielo cubierto de nubes azul oscuro. Nubes de tormenta. Me quedo quieta mirando esa línea que resurge al fondo.

-Ya no te espero - me digo susurrando.

Aunque tú sepas, amado, que para siempre me guardo tu presencia tras mi espalda, tu aliento perdido en mi cuello y tus latidos dispares ahogando mis noches vacías. Para siempre me reservo tus confesiones y miedos, esos que nunca entendí... Y para siempre me trago mis lágrimas muertas bajo los pedazos rotos de tu presencia.

Y en la soledad de la madrugada y en silencio, mientras la noche duerme junto a su rebaño, hago espirales en el cristal de tu ventana, escribiéndote este poema con la yema de mi dedo, donde reposé mi vaho tras el último suspiro que dejé caer entre tus piernas:

"Te escucho
en este breve aleteo
de notas musicales.
¡Me amas!
Lo puedo
sentir en el viento,
circulas diáfano
enredando mi cuerpo
en este amanecer
de sonoro ofrecimiento."

Y tengo un sueño, y en él un nuevo amanecer se aproxima y esperanzas brotan de los árboles, tiñéndolos de colores vivos, cálidos... Sólo estoy yo, etérea, volando entre las flores, soñando con pájaros de papel que trinan susurros, y lloran polen. Y en aquella fantasía me pierdo, río, alucino, desato mi locura... y me detengo, escucho atenta, observo, sueño, vivo y siento. La razón me decía que jamás volvería a verte, pero el corazón latía como diciendo: "espera, ten confianza... llegará". Y llegaste como el beso de los amantes: fuerte e impulsivo... ardiente, para volverte manso y suave, tierno y delicado entre mis brazos.

Pero para siempre es mucho tiempo... Para siempre es demasiado.
Ya
no hay siempre, porque para siempre silencio tu recuerdo tras la cerradura de un adiós eterno.


(Él)

El tren inició su pesado ritmo, y en la estación quedó mi familia y mi pasado. Iba a empezar una nueva vida... Y fue en ese momento, mirándoles en el andén, cuando sentí que el nexo de la cotidianidad se rompía de manera imperceptible pero dolorosa.

Desde el balcón donde ahora vivo veo la playa solitaria. Cayó la tarde, y el aire es frío y mudo como tu ausencia. Y me estremezco pensando que tal vez estás tan lejos de mí, como ese horizonte incierto. Quiero pensar que todo esto es un mal sueño, y que tú vendrás a mí deslizándote como la última ola de tiempo, un espacio, ahora oscuro, que de la nada comprimida espera un abril que no llega. Y suena un piano como la trompeta que anuncia la venida del corazón, y una gota llora sobre el alféizar, un rayo de música rasga la noche, la luna, la nada... y llueve muerte, soledad, desolación, destino. Me llueven tus manos en mitad de esta noche. Es, a la vez, el preludio y el final, y suena tan emotivo y desasosegante como el principio y el fin. Contumaz de amores perros que esconden su gula entre un jergón cualquiera.

Y creo que estoy dentro de una película con final feliz, aunque se haya desarrollado el guión con cierta tristeza, lleno de ternura. Y, después de tanto divagar, de tanto hablar sobre lo trascendente y lo efímero, después de hacerte el amor... me pregunto si ya no siento el alma, salvo cuando oigo música; aunque hoy no puedo oirla porque para mí es tristeza... porque los oídos son innecesarios cuando el alma siente los susurros de una melodía que danzará para siempre dentro de nuestras cabezas. Siempre que queramos, una y otra vez, en nuestros labios, en nuestros ojos y en las yemas de nuestros dedos, esos con los que escribías en mi ventana.

El último día volví a casa a esa hora eléctrica en la que aún están poniendo las calles, antes del amanecer de tu sueño. Mi compañero de piso me recibió con un bostezo. No hizo falta que dijera nada, su expresión le delató. Tú le habías dicho que . Sabías que era mi palabra maldita, una promesa que acababa desvaneciéndose en la fugacidad de los segundos implacables, por lo que nunca fuiste capaz de pronunciarla en mi presencia por miedo a perderme... pero te juro que lloré; se deslizó por mi piel hasta agrietar mi coraza. Y tu silencio elocuente arrulló mis sentidos y supe, al igual que tú supiste, que las maldiciones se pueden romper.

Pero quiero que sepas... que aún vives sumergida en mi recuerdo cuando abro la caja y encuentro tus letras."

*foto de aquí

Para Siempre

El relato Para Siempre, se ha escrito con los comentarios que los lectores de Scriptoria han dejado en esta misma entrada al oír esta pieza musical a piano.

Música: Forever (Queen)




Descenso Breve e Indoloro


"El avión pasaba por encima de su cabeza como la mano consoladora de un padre. Y descendía con estruendo, asustando a las aves que volaban no muy lejos y que él divisaba al entrecerrar sus ojos. El sol del mediodía, poderoso emperador brillante, le cegaba en aquella mañana de Diciembre.

Alguien se acercó a él, lentamente; estiró un brazo y le ofreció una mano enguantada. No consiguió averiguar quién era ni adivinar qué demonios quería, ni por qué osaba distraerle en aquella hora tan ansiada en la que el vuelo de las 12:30, un A380, hacía aparición sobre aquel día en el que disfrutaba, por fin, del aire fresco y de la suave ventisca que se levantaba a casi 300 metros del suelo. El verano había llegado y algunas cosas ya empezaban a quedar atrás.

- Don´t look down - acertó a oír cuando el avión se alejaba -. I´m here to help you.
- Es inútil, no le entiendo. Déjeme tranquilo - contestó sin dejar de mirar al cielo.

Aquella voz no le dejaba disfrutar de su momento, de ver volar aquel avión tan alto, capaz de descender suavemente hasta tierra, como una pluma dejada caer por el viento. No comprendía cómo había llegado hasta lo más alto de la torre, ni por qué había acabado en Sidney, ni quién era aquella persona que le tendía la mano. Entre balbuceos consiguió hablar de nuevo:

- ¿Qué quieres? ¿Por qué vienes a molestar? Ni se te ocurra tocarme.

En el mismo instante en el que el avión tomó tierra con su tren de aterrizaje empezó a vislumbrar su situación, empezó a comprender el porqué de su ascenso, y por qué lo había aplazado tanto. Pronto, como si despertara zarandeado por su propia conciencia, por la urgencia de resolver un asunto pendiente y muy importante, miró a su alrededor... una manta, varias cajetillas de Lucky Strike, el brillo de cristales rotos, botellas de whisky vacías, la foto de una mujer... pegada torpemente a un murete, cuyos cabellos todavía parecían ondear como una bandera.

Más allá, la ciudad viva, el correteo de los coches como pequeños animalillos de metal, el fulgor del sol reflejado en las ventanas de los edificios, el ajetreo de gente por las calles céntricas, camiones de bomberos, rotativos de policía, los toldos anaranjados de los apartamentos...

Más abajo, el suelo recién regado, cada vez más cerca; el alcantarillado, el mito de los cocodrilos que viven en las tripas de las ciudades, las ratas, los estratos de la tierra como capas de bizcocho de una tarta; el núcleo del planeta, hecho en parte de hierro líquido, igual que el corazón de un hombre, igual que el fuselaje de los aviones."

(Texto: Iván)
*foto de aquí

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¿Y quién es Iván? Léelo en el primer comentario

Huellas Borradas


(Esto lo escribí hace más de un año, y aconteció hace más de cuatro. Es para mi amigo Sergio, que se asoma en silencio a un borde de este Escritorio, de vez en cuando)

"Hace tiempo me encontré con un amigo en una playa, entre Conil y Chiclana. Cuando digo esto no me refiero a que decidimos vernos en aquel lugar. Quiero decir que hicimos chocar las dudas y los miedos que habíamos ocultado y acumulado durante... bastante tiempo.

- ¿Qué tal lo llevas? Te has quedado en los huesos. Antes tenías... no sé, más cuello - me dice escrutándome de arriba a abajo.
- Ya. Por mucho que como no consigo recuperar mi peso - digo mientras me tumbo en la arena.
- Pero se te ve bien, oye. ¿Cuándo fue la última vez que pisamos juntos la playa?.
- Uf... ya ni me acuerdo de eso ¿Y quién nos iba a decir a ti y a mí que después de tanto tiempo íbamos a poder salir tú y yo solos de noche, por ahí, de copas?.
- Sí - dice mientras se sacude la arena de una pierna -. Ya verás esta noche. Por mucho que lo intentes ninguna te hará caso. Aquí se han vuelto así.

Me río.

- Da igual. Tampoco voy buscando eso ahora - afirmo.

Pasan cinco minutos y estalla:
- Cojones... deberíamos habernos traído una sombrilla. Yo no sé cómo aguantas ahí, tirado en la toalla tanto tiempo.
- Me gusta broncearme. Demos una vuelta por la orilla, anda.
...
- Bueno, ¿y qué vas a hacer ahora?.
- Me quedo en Madrid - digo rotundo.
- Yo también me voy de aquí.
- ¿En serio?.
- Más al norte. Esto está quemado.

Y las olas venían a morir a nuestros pies y se llevaban las huellas que íbamos sembrando en la arena; como limpiando nuestro pasado, lleno de heridas en la piel, un pasado que nos abandonaba y que parecía no servir para mucho.

Seguimos hablando durante un rato y los miedos y las dudas no se transformaban en palabras, sino que se manifestaban de la forma más básica: Con ademanes, con gestos. Continuamos hablando, pero siempre del presente o del futuro inmediato. Nunca de lo que nos había ocurrido a cada uno por separado y, a la vez, seguíamos caminando por la orilla, a pasos cortos y débiles, y nuestras huellas nos seguían desde atrás, borrándose con el ir y venir del morir de las olas. Cada paso que dábamos se perdía entre la sal y la espuma blanca pero...
Ahora me doy cuenta... que incluso perdidos, han quedado marcados en mi memoria."

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Más en el primer comentario

Diario de un Zombi


"Una mañana te levantas temprano, besas a tu mujer, abrazas a tus hijos, respiras y te sientes muy vivo.
Y de repente, delante de un médico, te mueres viviendo."

No, esto... ni lo he escrito yo ni es un relato o el comienzo de un cuento.
Es como empieza la primera entrada de un diario.

Es la vida real.

No voy a explicar de qué va Diario de un Zombi. Os pido que entréis y leáis a un amigo.
He cerrado comentarios a esta entrada porque... me vais a perdonar... pero hoy, a mí, no me hacen falta.

Os lo agradezco.
Y a ti, Rober, ánimo :) Coge tu escudo y tu lanza... y a la batalla.

* la foto la he tomado prestada de aquí

Blogs de Papel, 15 sueños para leer

Podría contaros un cuento corto, tal que así:
"Érase una vez 15 sueños de unos locos que unos chicos (aún más locos) convirtieron en un barquito de papel. Fin."

Pero no me voy a quedar aquí sino que os voy a decir que todavía recuerdo la primera vez que leí las normas para realizar este proyecto (allá a principios de año). Me prometí enviar algo, pero luego me pasó lo que me pasa cada vez que leo las reglas de algunos certámenes o convocatorias... que si letra tamaño 12, doble espacio, entre 3 y 10 páginas, etc.

Me dije: "Bueno, voy a probar con algo, voy a hacerlo, superaré el que tenga que ajustarme a unas normas". Y al final no envié nada. Aborrezco las reglas a la hora de escribir, aunque comprendo que sean necesarias en ocasiones como esta.

Pasó el tiempo y me olvidé. En el mes de Junio conocí a Mariano. Y me dijo: "Oye, si quieres puedes enviarnos algo tuyo". Y yo le comenté mi aversión a las limitaciones. Entonces él dijo: "¿Es que tú no sabes que las reglas están para incumplirlas?".

Así que me decidí por Solsticio Con Beso, que surgió de unir dos relatos a medias que tenía en borradores, y resultó algo diferente a lo que suelo escribir. Si compráis Blogs de Papel lo podréis leer. Esta es sólo mi historia, detrás de cada relato de este libro hay una más, única. Quizás sus autores nunca lleguen a desvelarlas pero lo mejor es que podréis disfrutar de 15 cuentos inéditos, 15 sueños diferentes hechos barcos de papel.

Aquí podréis leer la relación de sueños que recoge el libro. Y para quien quiera soñar con todos los locos sólo tendréis que haceros con un ejemplar atravesando la puerta de La Clandestina (en Madrid) o hacer un pedido por correo electrónico.

Quiero darles las gracias a todos mis locos compañeros, navegantes de sueños, y a los que fueron cómplices y artífices de este tipo de locuras... y, por supuesto, a todos los majaras que decidáis subiros a este barco y leer sus cuentos.

*foto de aquí

...

Clandestinos y Policarbonados


(Para Mariano, Carlos y Shara)

"Érase una vez...

(No, esperad, esperad, que creo que estoy empezando mal... bueno no, qué coño... si esto es un cuento, y además de los buenos. No es mío, ya estaba escrito, pero sigo ¿eh?. Sigo...)

Érase una vez tres personas, tres. Amigos. Compañeros de sótano compartiendo sudores, tintas, palabras y sonrisas, entre cafés y comidas... y, casi sin llegar a saberlo, unos pocos sueños. Una tarde se sentaron y hablaron en serio, de eso, de sus sueños. Los sacaron de los bolsillos y los adornaron con susurros y unas risas, y vieron que eran los mismos. Así le gusta creer que pasó a este cuentacuentos.

Salieron de aquel sótano y les bañó la luz, no sé si del sol, de la luna... o era, simplemente, la serena luz de aquel día, a mí me gusta pensar que fue una cortina de niebla espesa, incierta, de la que salieron sus siluetas; quizás fuese niebla, sí. De todas formas, sea como fuere... era luz.

Así que atraparon esa luz y un día abrieron con ella una puerta y nos invitaron a todos a traspasarla, a compartir las páginas que allí guardaban y a hablar con ilusión y esperanza de sueños inconclusos que metían en una caja con forma de editorial, así: inconclusos, porque una vez los sueños se completan dejan de ser sueños para convertirse en recuerdos, o en estanterías para libros como este, o este (escrito en un azul nocturno en el que aún tengo que sumergirme).

Y no contentos con convertir sus sueños en recuerdos nos invitaron a realizar los nuestros. En breve se materializará uno de ellos. Se llama Blogs de Papel... muy pronto hablaré de él."

-.-

Más sobre La Librería La Clandestina y Editores Policarbonados en el primer comentario, y en la entrada de abajo sus dos primeros libros de relatos. La foto es de la librería, por supuesto :) (os la he mangado de vuestra web, y sin permiso, lo siento).

Relatos a Cuatro Manos y Metropolitanos


No sé hacer crítica literaria. Os lo aviso.

Y ya hay mucha gente que ha hablado de estos maravillosos relatos pero yo no he leído las críticas o reseñas que han hecho, no es que las desprecie, en absoluto, pero las he pasado por encima, lo siento. Es que si las leo me veo influenciado por lo que puedan decir, y no quiero eso. Es muy raro que yo me detenga a leer algo de lo que dicen de un libro (a no ser que sea el propio autor la voz cantante), prefiero leerlo, sin más.

Así que es eso, no sé hacer crítica literaria, pero quiero escribir aquí lo que he sentido leyendo los relatos que se contienen en estos dos libros.

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A mí me gusta pensar que Relatos a Cuatro Manos son dos novelas cortas que no se complementan. Son independientes pero capaces de convivir la una con la otra.

Carlos narra de una forma muy directa en Clandestino, a mí me parece rudo a veces, pero no de una rudeza áspera, sino de una de esas solitarias y por las que gusta pasar el reverso de la mano, porque sabes que por debajo está la sensibilidad que desviste a los personajes. Yo creo que la suya es una historia de un soñador que anda divagando, buscando un lugar adecuado, aunque desconoce el significado de esa palabra.

La historia de Mariano (Dos Maletas y una Montaña Rusa) es diferente. Nos hace vivir de un recuerdo, uno que a mi me pareció que se iba ramificando conforme iba avanzando en la historia, pero siempre volviendo al principio... es difícil entenderlo si no lo leéis, claro. Sus metáforas son un bombardeo constante de imágenes. Yo creo que El Zurdo es bastante bueno en eso.

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En Relatos Metropolitanos (de nuevo Mariano Vega) se nos ofrece una serie de relatos ambientados y/o escritos en el metro de Madrid. A mí me gusta verlo como un mismo recorrido: uno de ida (crónicas del metro) y otro de vuelta (crónicas desde el metro). Quiero destacar por encima de todos el relato más largo: el guitarrista zurdo y el retratista pálido. Un auténtico duelo de juegos entre dos personajes, una delicia narrativa con sorpresas que se van descubriendo conforme vamos avanzando en su lectura.

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Desde aquí sólo os puedo decir que os hagáis con unos ejemplares de estos dos libros. Son los primeros que han editado Editores Policarbonados. De ese proyecto y de la Librería La Clandestina hablo en la entrada de arriba.

Granada En Tus Ojos


Música: Zagreb Guitar Quartet - Milonga
Pincha aquí para oír la Milonga si no funciona el reproductor

(Para Ana, porque siempre es ella)

"Amanece en tus velos el sol de la Nevada.
Y te levantas, anhelando tocar los luceros del alba que se cuelan por tu ventana.

Te vistes con la elegancia de la hiedra encaramada, y en seda negra me tejes los sentires que supiste ver en la distancia; los de aquel amor por ella, tan mío, diluido a lágrimas en mi último té con miel de madrugada. Frente al espejo te maquillas los labios con los besos que esquivaste de amantes celosos de tus miradas... sureñas, andaluzas, flamencas, de noches en vela con una guitarra.

Péinate con el agua de azahar de tu Granada, y deja caer en tu cuello unas gotas de jazmín, de esas que cuelgan en rocío de los muros de las casas.

Sales de mañana, y cuando taconeas en suspiros ellos pierden las palabras, pero tú las recoges en tu manto y las vistes del azabache de tu pelo y del brillo en rojo de tu alma. Y el sol de las piedras sonríe resaltando los hoyuelos de tu cara; llevándoles la luz de un horizonte anaranjado que el reflejo de tus ojos convierte en plata.

En nocturno caminas por las calles de un Albaicín empedrado en silencio a lágrimas bereberes y a sangre cristiana. Y el embrujo del Genil dormita hasta la puerta de tu casa, mientras el Sacromonte gitano tañe en el aire el vuelo de un vestido de flamenca, violeta con añiles en volantes y tacones malvas.

Del viento de mi Atlántico he roto una ola y la he empujado tierra adentro con un beso que te falta.

... Y que se quede a vivir en el duende de tus ojos con sus dos colores: el ocre otoñal de los muros y el verde que se enreda en tu Alhambra."

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En el primer comentario comparto con vosotros algo que Ana me regaló.

Palomitas de Colores

foto de aquí.

Una tarde íbamos mi amigo R. y yo en mi coche a pasar un rato a uno de los centros comerciales de los alrededores. Su hija M., con cinco añitos recién cumplidos, iba en el asiento de atrás, en su sillita (me he vuelto un experto en colocar sillitas de niños de todas las formas y colores).

Mi amigo R. me ve escritor pero no ha leído nada mío en su vida. Ni entra en Scriptoria, aun sabiendo que existe. Y eso me encanta. No le hace falta entrar, me conoce a la perfección. Llevamos más de veinte años tirándonos los trastos a la cabeza y un número indeterminado de abrazos al cuello.

- ¿Cómo vas con tu novela?.
- Aún me queda un poco. Estoy tonificándola.
- ¿Y eso que es, capullo? ¿Darle masajitos?.
Sonreímos.
- Algo parecido. Soy novato en esto. Creo que la mimo demasiado.
Me mira y se guarda las ganas de darme una colleja. Yo pongo atención a la carretera.
- He escrito unas revisitaciones de Alicia en El País de las Maravillas y algunos relatos cortos para el blog - continuo-. En eso me entretengo cuando me tomo mis descansos o la novela me bloquea.
- ¿Y de qué van esas revisitaciones, si puede saberse?.
- Variaciones del libro de Lewis Carroll - le digo.
- Interesante.
- Pero... ya sabes, se salen de contexto.
- No te entiendo.
- ¿Tú sabías que Carroll le hacía fotos a niñas semidesnudas? - pregunté.
- ¡Joder!.
- Y se rumorea que tomaba estupefacientes para su artritis. Drogas psicoactivas. Aunque no está demostrado que influyeran en su trabajo. Pero yo creo que sí. No hay más que leer su obra.
- Entonces esas revisitaciones tuyas...
Le miré y levanté mis cejas un par de veces acompañándolas de una leve sonrisa.
- Cabrón, no me digas más.
- AdR, ¿vamos a comprar palomitas? - pregunta M. desde el asiento trasero.
- Claro, nena - afirmo.
- ¿De colores?.
- ¿Las hay de colores? - pregunto.
- Siii...
- Mmm, qué interesante.

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Más sobre mí... en el primer comentario