... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

Epistolario de la Amistad

Ya conté hace tiempo cómo creo que me convertí en escritor y en cada post que publico voy contando qué me hace ser un escritor frustrado (aunque muchos no lo creáis así)... pero ahora quiero contaros qué es lo que me hizo mejorar como escritor.

Bueno... no qué, sino quién. Porque se trata de mi amiga A.

Para que veáis que todo está conectado A. es la misma amiga que no pudo saludar al escriba sentado del Louvre cuando fue a París; y la misma que trabajó hace años en la Cripta de San Antolín de la Catedral de Palencia que yo visité hace poco.
foto de aquí

A. guarda un número indeterminado de cartas (muchas, muchísimas) de mi puño y letra en un cajón de su dormitorio, un número del que perdí la cuenta pero ella sí conoce porque las enumeraba en cada sobre.

A. y yo forjamos nuestra amistad a base de soltar tinta negra de las plumas de nuestras vidas sobre folios blancos que luego nos enviábamos, el uno al otro, desde más de seiscientos kilómetros de distancia. Esa era nuestra única vía de contacto. Ni una sola llamada telefónica, era nuestra exquisita norma. Sólo misivas. Cada carta enviada era un trozo de nuestra vida, un diario... un pedacito de cada uno con un sello, una fecha sin caducidad y muchos besos al final, detrás de nuestros miedos y sueños.

El año pasado estuve cenando en su casa y quiso enseñarme su cajón con mis cartas. Yo me negué, me dio vértigo asomarme a la cantidad de historias y recuerdos de los que me había desprendido. Sencillamente porque ya no eran míos, son de ella.

A mi amiga A. le debo muchas cosas, tantas que tendría que abrir otro blog para contarlas, y una de ellas es hacerme mejorar como persona en todos los aspectos, incluido en esto del arte y oficio de escribir y enlazar historias.

Manual de Seducción

foto de aquí

Adelante. Está un poco oscuro con las velas pero a mí me gusta así. No tengas miedo, quería darte una sorpresa. Quiero que sepas que esta noche voy a escribir sobre tu piel una carta perfumada con el licor que emanas de tus besos. Una carta con las palabras que nunca te he dicho porque he preferido guardarlas para esta ocasión.

No quiero lanzarme sobre ti, yo soy muy cuidadoso, cariño. A mí, antes de besar, me gusta hablar mucho. Me encanta eso por sentir la emoción y el vértigo de perderme en tus ojos. Porque es imposible preservar esa sensación, ese preludio dubitativo de roces anterior a los besos, a hacerte el amor, y como no podemos atesorarlo lo quiero alargar ¿Entiendes?. Porque una vez que nos hayamos besado lo perderemos para siempre.

¿Sabes que llevaba mucho tiempo esperando este momento? ¿Esperando a estar a solas contigo?. Perdóname si me pongo nervioso, pero estás tan cerca que aún me parece imposible alcanzarte.

Siéntate, princesa.

Voy a poner música. ¿Te gusta Billie Holiday?. Escucha...



Acabo de abrir este vino francés para celebrar que estás aquí. Ten. Toma esta copa entre tus manos. Esta noche es sólo para ti y para mí.

Escucha esta canción mientras te hablo. Escucha bien a Billie... tiene una voz que te remueve las entrañas y te desgarra el alma, se te enquistará en lo más hondo y ya no te abandonará nunca. Es como un desfallecimiento romántico que se aloja bajo cada poro de tu piel.

Ya no quiero sufrir más. No sé si lo sabes, pero solía oír esta canción pensando en ti. He pasado demasiado tiempo solo y no quería estar con ninguna mujer que no fueses tú ¿entiendes?; incluso llegué a pensar que ya no te iba a volver a ver nunca más. Me he refugiado en el recuerdo de tus gestos, en tu rostro, en la mirada que tenía que ocultar cuando pasabas por mi lado y no me veías. Moría dejándome deslizar dentro de las voces del jazz. Sí, esta canción me trae recuerdos de cuando no te podía tener.

Sabes de sobra que ansío en silencio probar de tus labios el ardor del vino que estamos disfrutando; y mecer tus cabellos hasta que caigas rendida en mis brazos. Sabes que mi boca se desvive por recorrer con caricias tu cuello blanco, desde tu barbilla a tu nuca, allí sí podré hacerme trizas, en tu fragancia imprecisa.

Puedes quitarte los zapatos si lo deseas, cariño. Ponte cómoda.

Creo que ha llegado el momento de besarte; y voy a hacerlo porque ya no lo soporto más; porque creo haber conseguido guardar este maravilloso preludio en la caja de mis recuerdos; y podré vivir de él aunque llegue el día en que te vayas de mi lado para siempre. Te voy a besar porque no puedo esperar ni un minuto más para encontrarme hundido en ti, perdido en tu regazo. Pero antes quiero que sepas que yo no soy así. Este no soy yo, cielo... eres tú.

Tú eres la que me vuelve así, querida. Porque eres un auténtico y silencioso manual de seducción.

¡Ordena los Libros!

Anda que no recuerdo la de veces que mi madre me decía (cuando vivía con ella):

- Niño, a ver cuando me ordenas todos esos libros... ¡Hay que ver la de libros que tienes!

Y yo pensaba: "Si a mí me gustan así, amontonados en las estanterías". Eso le da un toque de intelectualidad que nunca he poseído. Pero nada, mi madre erre que erre, y yo en mis trece, sin bajarme del burro.

Yo estudié, y no es por darme bombo ni platillo, Archivística y Biblioteconomía entre otras cosas pero las ganas de catalogar los libros adecuadamente eran proporcionales a las que tenía de tirarme de lo más alto del campanario de la parroquia... por mucho que mi abuela paterna me cantase una y otra vez que tenía las patitas de alambre y no me haría sangre.

Pasaron los años y me vine a Madrid. Y mis libros se quedaron allí, en el sur, impregnándose de la sal que traía el viento del Atlántico y que se colaba por las ventanas.

Hace poco mi madre me telefoneó y me dijo:
- Nos hemos llevado la mayoría de los libros a la casa de campo.

Y yo:
- Vale, maíta, me parece mu bien.

Y cuando bajé para las Navidades pasadas todo estaba un poco cambiado, como más vacío de mí. Indagué entre lo poco que quedaba en las estanterías y encontré algo que no había visto jamás:

Comprobé que el prólogo estaba fechado en 1925. Luego hice lo que hago siempre con todos los libros que caen en mis manos: lo abrí por una página al azar y me lo acerqué a la cara para que, con la fragancia que guardaba entre sus páginas amarillentas, me contase algo de su vida. Los libros antiguos tienen un aroma único y éste olía a buró bajo llave, a madera cuarteada de hace décadas y a algo más que no llegué a comprender. En la primera página encontré esto:


Era un libro de texto de mi abuelo, un objeto que guardaba incomprensiblemente su perfume entre páginas... un libro suyo que había estado jugando conmigo al escondite durante lustros. Y hasta que dejen de jugar sus cartas de amor y su poesía esa rúbrica será lo único que conserve de su puño y letra.

Fotos: AdR

Estampa Daliniana

Ya publiqué en Scriptoria dos capítulos de El Mundo Donde Vivo (un relato verídico de vivencias). Fueron: Lo Más Bonito y Amenaza Nuclear. Ahora os regalo este otro...

foto de aquí

"Antes (durante los veranos de los 80) solíamos ir a pasar el día toda la familia a una playa de las afueras del pueblo: mis padres, mis tíos, mis primos... Como no teníamos coche teníamos que coger el autobús desde el barrio más cercano, también íbamos andando o en bicicleta. A mi tío J. le gustaba llevar los bártulos más pesados en su bici, y se iba muy temprano para montar la caseta sobre la arena. La caseta era un cubo enorme que había tejido mi tía L., como un gran dado con una de las caras abiertas a modo de entrada, dentro guardábamos las bolsas, las cestas de palma (que hacía mi abuelo) repletas de comida, las mesas y las sillas plegables. A mí me gustaba verla azotada por el viento, con mis tías dando gritos alrededor.

La playa estaba formada realmente por un brazo de mar que, a modo de río, horadaba el terreno. No era muy ancho aunque sí caudaloso, pero se podía cruzar a nado cuando la marea estaba muy baja. Ahora ya no ocurre... pero antes, los días en que soplaba un viento suave de poniente, una arena aromatizada de piñones, fina y blanca, bajaba del pinar hasta la orilla. A mi me gustaba andar por el borde de ella, del pinar a la mar.

Yo tenía diez años cuando, cierto día, nos dejaron un barco a motor para darnos un paseo por el lugar. Mi padre, mi tío J., mi primo y yo nos llevamos unos bocadillos y navegamos hasta el comienzo del brazo de mar. Paramos al otro lado de la playa, en una cala de arenas casi virgenes y aguas tranquilas. Nos quedamos mucho tiempo por allí, viendo cómo los lenguados y otros peces quedaban acorralados en charcos moribundos y el sol volvía de dorado las crestas de unas rocas lejanas.

Se hizo tarde y llegó el momento de volver, pero la marea había bajado y el barco a motor había quedado varado en la orilla como si una sirena de piel blanca y cabellos oscuros hubiese elegido ese lugar para morir y se hubiese arrastrado movida por la pena, a unos cinco metros del agua del mar. Nuestros esfuerzos por empujar la embarcación fueron en vano así que tuvimos que esperar unas horas a que el agua le devolviera la vida.

Para entonces el brazo de mar despuntaba ya bajo la luz de la luna y, tras veinte minutos de viaje logramos divisar la playa vacía. Pero allí estaba aún, el enorme dado que formaba la caseta en un desolado y oscuro paisaje, una escena como sacada de la cabeza de Dalí, con mis tías y mi madre a la luz de la luna, sentadas en unas sillas alrededor de una linterna agonizante, resignadas ante la necesidad del momento... esperando nuestro regreso."

Capítulo XII extraído de El Mundo donde Vivo, 2004.

El bostizo

foto de aqui

Si hay una cosa que antes me encantaba hacer era disfrutar en silencio de las conversaciones entre mi madre y mi abuela. A las dos las conservo, a la primera un poco lejos, en Cádiz; a la otra muy cerca, en el recuerdo. Así que la puedo abrazar y besar cuando yo quiera. Pero no quiero hablar de eso ahora, eso de recordarla así es algo que dejaré para otro día en forma de capítulo de El Mundo Donde Vivo, titulado La Estrella Fugaz.

Ahora quiero recordar risas y cada vez que quiero reirme a gusto y con ganas le digo a mi hermana que me vuelva a contar la conversación (pues sólo mi hermana estuvo presente cuando aconteció) que reproduzco más abajo. Una muy corta que tuvo lugar entre mi madre y mi abuela.

El escenario es un salón andaluz con un sofá y dos butacones enfrentados. Y mis tres andaluzas sentadas. Cada una en su sitio, cada una con sus cosas. Muy lorquiano estoy yo hoy :) Se va a romper la magia pronto, veréis:

Madre:
- Uy, que ya no me acordaba... el sábado que viene le echan el agua al niño de la Paqui.

(Silencio sepulcral).

Madre (de nuevo):
- Como se llamaba eso... coño, el bostizo... que no me salía.

Hermana:
- ¿Cómo?. Mamá, por Dios, se dice bautizo.

Abuela (completamente indignada, dirigiéndose a mi madre):
- Desde luego, hija mía, con los estudios que tu padre y yo te dimos de chica... parece mentira que no te aprendas las palabras. Bostizo es cuando tú abres mucho la boca.

Thinking Blogger Awards

Hace meses, casi desde el nacimiento de Scriptoria, mi amiga bloguera Iris me otorgó este premio:
Según las normas yo tenía que entregarlo a otr@s bloguer@s... y no lo hice, así soy yo :D
Pero después de todo este tiempo me he encontrado con historias que me hacen pensar, que me inspiran y me animan a seguir escribiendo; historias muy buenas, a las que te aferras con fuerza y muchas ganas, y no las sueltas por nada del mundo.

He elaborado un exquisito menú de 3 platos (cada uno de los 3 que pase, si quiere, a recoger su trofeo), todos igual de importantes por sus sabores, olores, esencias :

Primer Plato: Veinteañera. En cuanto entras en "Que 20 años no es nada" ya empiezas a percibir ese olor a cerrado y antiguo. Y desde la primera palabra entiendes que hay mucho de su escritora encerrado en cada historia.

Segundo Plato: Belén. Conociendo a la renovada "Mi Burbuja Transparente" igual ya te han otorgado la corona de pensadora bloguera, si es así te lo mereces doblemente entonces, por tus entradas tan visuales. Las fotos, con tus palabras, ganan mucho más significado.

Postre: Pati. Porque sus dos blogs son un bálsamo para el espíritu, una mina de inspiración y un filón del que se desprenden hebras de sonrisas (pase lo que pase). Te lo mereces, shavalilla. Te corono pensadora del mundo mundial :D

Lo siento por los demás, por los chicos sobre todo... :) es que creo que en la blogosfera ellas nos superan en número, y en calidad de la buena ;)