... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

Como una Leve Inclinación en la Mañana de Este Viernes


Como un giro de camino a la izquierda ellos tuercen matutinos, preguntan si alguien ha visto a sus chicas, quieren saber cómo iban vestidas. Como yo, necesito saber cómo vas vestida, todos los detalles absolutos de las prendas que llevas y que te pusiste esta mañana.

Porque a mí me gustan los absolutos rotundos, porque no es lo mismo que me escribas y me digas que tu falda lleva un lazo que fotografiarme el vuelo de la tela sobre el filo de tus muslos, igual que no es lo mismo besarte en la boca que besarte la boca, que es justo el pecado que quiero cometerte.

Como una leve inclinación en la mañana de este viernes voy a descender a tus infiernos, a comenzar a celebrarte este día por debajo.

Sin Tinta ni Papel

 

Seis años después he vuelto a la escalinata de piedra, donde el viento que sube de la playa sopla con más fuerza, donde solía sentarme a escribir, a esperar en vano a que apareciera Samuel, como aquella primera vez.

Seis años después he vuelto a la escalinata de mi pueblo y la he contemplado como un nuevo punto de partida, no como la conclusión de algo que olvidé. Soy más viejo pero me siento más liviano, a pesar de no ser el mismo, llevo cosas tuyas conmigo. Esta vez no llevaba papel donde escribir. Seré escritor, o no, quizás ya no necesite de tinta y papel, quizás mi caso sea uno nuevo, sin tintas, uno inédito, como el mundo que construiría para poder besarte.

Últimamente me decanto mucho por construir mundos. Será porque el real me es insuficiente para volver a verte.

No volví a ver a Samuel, tampoco a ti. Has sido como él, como un personaje de novela que olvidé en un cajón, y debes estar ahí, en toda tu esencia, a la espera de que te saque, te mime, te encuaderne en un recuerdo... y vuelva a leerte, a palparte y a acariciar la piel de tus páginas hasta que mis lágrimas toquen tus bordes, hasta que me remuevas las entrañas. Yo sería sólo tu lector porque, ahora que sé verlo, creo que jamás supe escribirte como te merecías.

Seis años después mis personajes saben que tu recuerdo reciente tiene más fuerza que cualquiera de las historias que escribí para ellos. Quede con ellos mi tinta sobre el papel, quede en nuestro recuerdo mis labios sobre los tuyos, porque esa es la única forma que conozco de escribirte.

*foto de aquí

No Amanecen Los Días Igual


(Hacía tiempo que no ponía un poco de música por aquí. Como hay problemas con la inserción de reproductores lo tengo que hacer así: Pulsa aquí y escucha a The Skyliners con su Since I don´t Have You mientras vuelves a esta página y lees...)

No amanece igual desde la noche que taconeaste acera abajo a mi encuentro, veinte minutos tarde de la hora fijada. Eso duró el mundo que creé alrededor de mi coche y al que empecé a hilar dudas y recuerdos. Cuando te plantaste delante de mí con tus dos besos el ovillo de ese mundo se fundió en un silencio oscuro.

Había mucho de que hablar pero poco que decir.

Y en las horas que nos miramos la luz del restaurante donde cenamos me parecía distinta, como más cálida de lo habitual, como si la translucidez de los haces cobrasen algo de la solidez de mi carne y yo soñara que fuesen mis manos enmarcando tu rostro.

Y ahí me quedé, en un amago tonto de beso de despedida, en un tropiezo de adolescente. Y ahí estabas tú de nuevo, rodeada por otro mundo, otro que yo había formado, esta vez con el tiempo que había pasado desde el primer día en que nos conocimos hasta este instante justo, y que aglutinaba todas las cosas que, por miedo, me había guardado.

Esta vez no voy a desaparecer, porque no me amanecen los días igual desde la última vez que me despedí de ti.

*foto: Marquesina en Cádiz (Acción Poética).

La Princesa de Nata en el Caserón Helado de Chocolate (V)


(Ésta es la última parte de este cuento infantil.
Antes de seguir leyendo puedes leer las cuatro primeras partes aquí:
Una, Dos, Tres y Cuatro)

El crujir de las barritas de Kit Kat de los jueces dio paso al avance de los gigantescos muñecos de Yogur Helado hacia la muralla, y del lado del reino llovieron piruletas de corazones calientes, que nada pudieron hacer para detener ese avance. Fueron contrarrestadas por los helados de cucuruchos y barquillos que lanzaban pingüinos y morsas.

Y al chocar en el aire piruletas y otros caramelos con helados de todo tipo los jueces se ponían de pie y gritaban: sweet, tasty, divine y otras consignas de guerra ante el fragor de la batalla y el miedo de la población, que veía cómo los muñecos de Yogur Helado se abrían paso por la muralla de chicle mojada y semiderruida.

Pronto incluso los soldados de la Guardia Real de Chocolate Envuelta en Papel Dorado retrocedieron ante el furioso y helado avance de tropas de la Princesa de Nata que, Báculo en mano, seguía ordenando el lanzamiento de helados y toppings.

Una vez llegaron a la plaza principal cientos de ositos Haribo, de los colores más extraños que puedes llegar a imaginar en tus sueños, fueron engullidos por riadas de helados, pero ni los ositos ni los soldados morían, no, sino que una vez empapados por el helado ellos mismos se relamían y daban buena cuenta de lo gratificante que era el novedoso sabor que en su piel de gominola y chocolate les había dejado la nata y la vainilla.

La Princesa de Nata comenzó a subir las escaleras que conducían al castillo, porque el rey, lejos de luchar en primera fila en la batalla, se había recluido en la sala del trono de galleta. Y allí, temeroso, esperaba a su hija. La Bruja abrió las puertas con un hechizo de sorbete de lima y la niña se adentró en la oscuridad de la sala de chocolate negro.

- ¡Padre! -gritó iluminando la estancia con su armadura de Limón Helado Fulgurante- ¡Tu reino de gominola ha caído! ¡He venido a tomar lo que me corresponde!

Y a medida que avanzaba las paredes de la sala se iban recubriendo de nata. El rey permaneció en silencio, tan abrumado estaba por el ímpetu de su hija. Se levantó del trono, dejó caer su cetro y se apartó.

- Has vencido justamente. Fui vil contigo cuando no podías defenderte. La reina y yo merecemos castigo -dijo señalando a su esposa, que permanecía en silencio.
- El único castigo que os impongo es que seáis de la misma condición que la humilde gente de vuestro pueblo. Os despojo de vuestro aura de realeza endulzada. A partir de ahora gobernaré con helada calidez para todos por igual. ¡Queda establecido el primer día del primer año del primer invierno en este nuevo reino de Heladalia! ¡Y que dure cuanto sus ciudadanos lo deseen por votación! -exclamó tomando asiento en el trono.

Para entonces los habitantes del reino ya formaban un pasillo afuera y esperaban a que la comitiva de la marcha de la nueva Reina de Nata procesionara por las calles heladas y endulzadas. Al fin y al cabo atiborrarse una vez al año de helados... tampoco podía ser tan malo.

fin 

*foto de aquí

La Princesa de Nata en el Caserón Helado de Chocolate (IV)

(Ésta es la cuarta parte de este cuento.
Antes de seguir leyendo puedes recordar las otras aquí:
Una, Dos y Tres)

Era una mañana helada del recién llegado invierno cuando los dos soldados de la Guardia Real de Chocolate Envuelta en Papel Dorado escucharon una voz procedente del otro lado de las murallas de chicle.

-¡Solicito la presencia de los jueces para que sean testigos de una Dulce y Helada Batalla! ¡Mi ejército contra el ejército de mi padre! ¡El rey!

Los soldados se miraron confundidos, se asomaron desde las almenas y, aunque vieran a la Princesa enfundada en una extraordinaria armadura de Limón Helado Fulgurante, estallaron en chocolateada risa.

-¿Pero qué dices, niña de nata? ¿Con que ejército vas a combatir? -preguntó uno de los soldados.
-¡Con éste! -exclamó girándose y alzando un Báculo de Toffee y Nata.

Y de la espesura y la niebla que se extendía a sus espaldas comenzaron a surgir las unidades de su esplendoroso ejército. Cientos de pingüinos ayudaban a moverse a enormes muñecos de Yogur Helado con trozos de cookies, tiramisú y nueces caramelizadas. Las morsas cargaban a sus espaldas barquillos y bastones de galleta repletos de balas de piñones y pistachos congelados, y también había osos polares portando cañones de cucuruchos de helados de tutti fruti, vainillas, natas y toppings de frutas.

Los soldados de la guardia tocaron las trompetas de plástico rellenas de caramelos que anunciaban una batalla inminente y el pueblo del rey salió asustado a las calles empedradas de Lacasitos, preguntándose qué pasaría a continuación, pues en siglos nunca habían presenciado semejante evento. Los jueces acudieron a las murallas de chicle y allí pudieron comprobar cuán digno era el ejército que había reunido la Princesa de Nata y la Bruja de Stracciatella.

Entonces el rey bajó de su trono de galleta y chocolate y convocó a sus tropas, y esta vez sí se acercó a la muralla a ver a su hija.

- ¡Debes dejar el trono, padre! -gritó la Princesa al ver al rey-. ¡Es tiempo de que el helado atraviese las puertas de tu reino de caramelo! ¡Y yo, tu hija mayor de edad, ocupe el trono!
- Aunque vengas cargada de odiosa nata jamás atravesarás mis murallas de chicle, os quedaréis pegados a ella. Además, tengo un batallón de ositos Haribo dispuestos a descongelar a tu ejército.

Pero el rey ignoraba que la goma de mascar de la muralla, una vez mojada por el hielo, perdería su pegajosidad. Para entonces los jueces ya se habían postrado en unas sillas altas de regaliz y palotes. Una vez estuvo todo dispuesto dieron comienzo a la batalla mordiendo unas barritas de Kit Kat.

(en unos días... la última parte)

*foto de aquí

La Princesa de Nata en el Caserón Helado de Chocolate (III)


(Antes de comenzar... Lee las dos primeras partes de este cuento, primero aquí y luego aquí, después puedes seguir leyendo)

Tras el rechazo del rey la Princesa volvió al Caserón y allí la recibió la Bruja, la niña se llevó una sorpresa al verla, pues creía que se había recluido en la Cueva de Stracciatella para siempre. Pero la Bruja entendió que la Princesa de Nata sería rechazada por palacio cuando llegase la hora, aunque la había preparado para ese momento ella quiso estar en el Caserón para consolarla a su regreso. Porque, aunque nos sintamos preparados para superar ciertos momentos, puede resultar muy distinto cuando nos enfrentamos a ellos.

-No te preocupes, niña -dijo la Bruja-. Puedes quedarte a vivir aquí.
-No, nana. Mi padre lleva gobernando más de doscientos años. Ya basta, he decidido tomar su palacio.
-¿Estás segura? -preguntó la Bruja.
-Sí, tengo que prepararlo todo.

Luego se dio la vuelta, se quitó la ropa que llevaba puesta y de un armario sacó un vestido de crocanti, se lo enfundó y a continuación se ajustó una tiara de azúcar glas y un velo de chocolate blanco helado, salpicado de polvo de coco. Por último se calzó sus zapatos rojos de tacón de fresa a la hierbabuena y, tomando una varita de rama de vainilla, salió al camino, a recoger del bosque y de la nieve los elementos necesarios para preparar el asalto.

Y también se detuvo a hablar con unos amigos que vivían en la región más helada... 

Una vez recogió todos los ingredientes necesarios volvió al Caserón y junto a la Bruja se encerraron durante semanas en el laboratorio. Debían ser muy cuidadosas con el material, no se trataba de elaborar un sencillo helado de nata con distintos toppings y frutas, como sí había realizado multitud de veces en años anteriores, debía ser algo único, algo inolvidable, y mágico.

Al cabo de tres semanas ambas se dieron por satisfechas, el trabajo había finalizado, de modo que decidieron hacer pasar a sus amigos, pues ellos también formarían parte del asalto.

(continuará)

*foto de aquí.