... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

Me quemas

Zombi (inusual poema de amor)

Horado la tierra seca con mis manos
hasta alcanzar el aire
que ya no respiro

Estoy fuera
estoy muerto
pero soy libre

Camino arrastrando mis huesos
hasta encontrar la casa que fue nuestra

Entro

Avanzo en silencio por el pasillo
dejando tras de mí
los recuerdos que fueron tuyos
míos

La puerta está abierta
duermes
en la mesita hay un pañuelo
mojado de lágrimas
sé que no te alegrarás mucho de verme
yo sí

Me acerco y tomo tu mano
meto dos dedos en mi boca
y muerdo
despiertas
saboreo la sal de tu piel
el esmalte de tus uñas
tu sangre

Tus ojos se mueven de la sorpresa
al terror que te ahoga
y que te impide gritar
rompiendo la madrugada

Babeo y muerdo
haciendo crujir
las falanges de tus dedos

Estás paralizada
mastico la carne
las hebras
hasta que sólo quedan
los huesos rotos
y limpios

Estás aterrada
en silencio te postro
y esparzo tu cabellera
sobre la almohada
y mi boca va a tu boca
la muerdo
reviento tus labios
y lamo la sangre derramada
en tu cara quieta
y en tu cuello blanco

Espasmos

Bajo a tu vientre
destrozando a mi paso
tendones
músculos
brazos

A dentelladas sangrientas
doy fe de tus pechos
de tu ombligo
de tu sexo
lo abro
lo muerdo
bebiendo de él
salvaje
los flujos dulces
que atesoras
al candor de tus encantos

Y cuando acabo
saciado
con un roce
cierro tus ojos
y te abandono

Y vuelvo sobre mis pasos
a mi lecho de arena y de piedras
y me entierro
y ahíto de tu carne
cierro mis ojos
bajo una lápida que reza:
R.I.P.
y mi nombre

-.-

Lo sé, lo sé, todo esto es muy raro pero os aseguro que todavía estoy bien de la azotea.
Y para los que quieran un argumento elaborado y con un escenario histórico real podéis haceros con un ejemplar del brillante cómic de un amigo: Zombis A.C.

*la foto es de mi película de zombis favorita: La noche de los muertos vivientes

Encrucijada



Si yo lo sé, Mari Carmen, si yo lo sé, que mi Juan es un buen hombre, que el pobre ahora no tiene trabajo, y mira que yo me levanto temprano y me voy a trabajar, y él se levanta cuando yo me voy. Fíjate, mi Juan... le prepara el desayuno a los niños, los levanta, los viste, guerrea con ellos lo que tenga que guerrear y los lleva al colegio.

Luego vuelve a casa, y mira... me airea todas las habitaciones, me recoje todo, hace las camas, pone una lavadora, me friega, me tiende, me plancha, prepara la comida, barre los suelos, hace el baño y va luego a recoger a los niños. Mi Juan lo hace todo, todo. Y ya no bebe, Mari Carmen, lo dejó, lo dejó... mi Juan, qué bueno es... ni fuma, ni coge una botella. Fíjate lo que me dijo... Me dijo que antes de volver a tirar el dinero así se quitaría de en medio, eso me dijo.

Pero luego... es que llego a la oficina, y veo a Marcos... y no puedo, Mari Carmen, no puedo.

*foto de aquí.

El Ángel Desamparado


- Tu padre se ha vuelto a escapar. Está aquí. Ya lo sabes - dijo María al otro lado del aparato. Luego colgó.

Alberto se lamentó y dejó su puesto de trabajo para ir a casa a recoger a su padre. Era la tercera vez en el mes que sucedía. El viejo siempre hacía lo mismo. "Si es que también me lo tenía que haber cargado..." pensó mientras conducía bajo la lluvia.

Al llegar a casa María le abrió la puerta a su marido. Alberto entró y vio a su padre sentado en el sofá. Estaba empapado y sostenía un cuchillo en la única mano que le quedaba. Desde el accidente al viejo le venían, a ratos, jirones de memoria de la tarde en que murió su esposa, y cada vez eran más frecuentes.

Alberto acarició la mano de su padre con suavidad y, ante la mirada ausente del viejo, le arrebató el cuchillo. Luego le ayudó a levantarse del sofá, lo montó en su coche y lo llevó de regreso al psiquiátrico de Los Ángeles Desamparados.

*foto de aquí.

11 de Marzo


 
(Casals - El Cant dels Ocells)


Hay fechas que se alejan en el tiempo, pero nunca en la memoria.

Siete años después...
Quedó atrás el miedo a coger los trenes de nuevo y confundir sus bufidos con el rugir de una bestia. Quedó atrás eso de mirar bajo los asientos y a las caras del resto de pasajeros, el contener la respiración y encoger el corazón mientras pensaba que todos íbamos a saltar por los aires cuando el tren paraba o sus puertas volvían a cerrarse.

Quedaron atrás las noches en que dormía con los ojos abiertos, o sentado en el borde de mi cama.

Quedaron atrás los meses de tratamiento, y esa primera frase de ella mientras me tendía la mano: "Hola, siéntate. Si quieres olvidar lo que ha pasado... me temo que eso no va a ser posible, lo único que puedo hacer por ti es hacerte ver que puedes vivir con ello".

Y eso se hace.

Quedaron atrás muchas cosas... pero el testimonio número 8 de esta página perdura junto a cientos, miles. Como el de aquella señora mayor que entró en mi vagón una semana después, temblando porque era la primera vez que volvía a montarse en un tren, y al sentarse a mi lado me cogió de la mano mientras me contaba que ella también estuvo en Atocha. 

Todavía siento el calor de su mano, y el de las velas encendidas calentando mi cara. Me recuerdan la promesa que me hice:
No olvidarles.

*foto de aquí.

Sin Ti


-.-

Podéis ver fotos del único ejemplar en papel que existe de El Hombre Sin Tildes pinchando aquí o también en este álbum de fotos de la página de Facebook.