Después de un par de horas charlando él se levantó, se acercó a la barra y pidió otros dos martinis. Ella le siguió.
-Bueno, pues ya hemos llegado a ese punto.
-¿A qué punto? -preguntó ella.
-Al minuto de silencio -dijo él sonriendo.
-¿El minuto de silencio?
-Sí, verás... No hemos parado de hablar, de beber, de mirarnos y reirnos durante un par de horas. Ahora, mientras la camarera nos sirve otra copa, transcurrirá un minuto, si durante ese minuto nos lanzamos el uno en los brazos del otro nos veremos inmersos en una tormenta deliciosa y perfecta. Luego nos iremos a tu casa o a la mía y follaremos durante toda la noche. A partir de ahí todo irá a peor y desaparecerá gradualmente con el paso del tiempo.
-Y... si el minuto pasa sin que ocurra todo eso -apuntó ella.
-Si logramos superar ese minuto te convertirás en la mejor amiga que he tenido nunca.
*foto de aquí


