"El avión pasaba por encima de su cabeza como la mano consoladora de un padre. Y descendía con estruendo, asustando a las aves que volaban no muy lejos y que él divisaba al entrecerrar sus ojos. El sol del mediodía, poderoso emperador brillante, le cegaba en aquella mañana de Diciembre.
Alguien se acercó a él, lentamente; estiró un brazo y le ofreció una mano enguantada. No consiguió averiguar quién era ni adivinar qué demonios quería, ni por qué osaba distraerle en aquella hora tan ansiada en la que el vuelo de las 12:30, un A380, hacía aparición sobre aquel día en el que disfrutaba, por fin, del aire fresco y de la suave ventisca que se levantaba a casi 300 metros del suelo. El verano había llegado y algunas cosas ya empezaban a quedar atrás.
- Don´t look down - acertó a oír cuando el avión se alejaba -. I´m here to help you.
- Es inútil, no le entiendo. Déjeme tranquilo - contestó sin dejar de mirar al cielo.
Aquella voz no le dejaba disfrutar de su momento, de ver volar aquel avión tan alto, capaz de descender suavemente hasta tierra, como una pluma dejada caer por el viento. No comprendía cómo había llegado hasta lo más alto de la torre, ni por qué había acabado en Sidney, ni quién era aquella persona que le tendía la mano. Entre balbuceos consiguió hablar de nuevo:
- ¿Qué quieres? ¿Por qué vienes a molestar? Ni se te ocurra tocarme.
En el mismo instante en el que el avión tomó tierra con su tren de aterrizaje empezó a vislumbrar su situación, empezó a comprender el porqué de su ascenso, y por qué lo había aplazado tanto. Pronto, como si despertara zarandeado por su propia conciencia, por la urgencia de resolver un asunto pendiente y muy importante, miró a su alrededor... una manta, varias cajetillas de Lucky Strike, el brillo de cristales rotos, botellas de whisky vacías, la foto de una mujer... pegada torpemente a un murete, cuyos cabellos todavía parecían ondear como una bandera.
Más allá, la ciudad viva, el correteo de los coches como pequeños animalillos de metal, el fulgor del sol reflejado en las ventanas de los edificios, el ajetreo de gente por las calles céntricas, camiones de bomberos, rotativos de policía, los toldos anaranjados de los apartamentos...
Más abajo, el suelo recién regado, cada vez más cerca; el alcantarillado, el mito de los cocodrilos que viven en las tripas de las ciudades, las ratas, los estratos de la tierra como capas de bizcocho de una tarta; el núcleo del planeta, hecho en parte de hierro líquido, igual que el corazón de un hombre, igual que el fuselaje de los aviones."
- ¿Qué quieres? ¿Por qué vienes a molestar? Ni se te ocurra tocarme.
En el mismo instante en el que el avión tomó tierra con su tren de aterrizaje empezó a vislumbrar su situación, empezó a comprender el porqué de su ascenso, y por qué lo había aplazado tanto. Pronto, como si despertara zarandeado por su propia conciencia, por la urgencia de resolver un asunto pendiente y muy importante, miró a su alrededor... una manta, varias cajetillas de Lucky Strike, el brillo de cristales rotos, botellas de whisky vacías, la foto de una mujer... pegada torpemente a un murete, cuyos cabellos todavía parecían ondear como una bandera.
Más allá, la ciudad viva, el correteo de los coches como pequeños animalillos de metal, el fulgor del sol reflejado en las ventanas de los edificios, el ajetreo de gente por las calles céntricas, camiones de bomberos, rotativos de policía, los toldos anaranjados de los apartamentos...
Más abajo, el suelo recién regado, cada vez más cerca; el alcantarillado, el mito de los cocodrilos que viven en las tripas de las ciudades, las ratas, los estratos de la tierra como capas de bizcocho de una tarta; el núcleo del planeta, hecho en parte de hierro líquido, igual que el corazón de un hombre, igual que el fuselaje de los aviones."
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