"La mujer se echó sobre la cama y reposó la espalda sobre el cojín de la esperanza, estiró las piernas y se levantó el vestido para acariciar su vientre, tan redondo, abultado y blanco como un trozo de luna esmaltada. Los dedos jugaron entre ellos y una de sus yemas dibujó, imaginando sobre la luna, una diminuta sonrisa bajo la piel nívea y estirada; luego trazó unos ojos, y más tarde una mano muy pequeña de frágiles dedos y uñas mojadas, una manita pegada a una oreja que caracoleaba ansiosa por nuevos sonidos y melodías templadas.
La mujer cogió de la mesita de noche unos auriculares y los depositó sobre su trozo de luna blanca, como si fuesen dos tiernas almohadas.
Luego pulsó play en el mando a distancia...
Y, con las primeras notas, dejó que la piel de su superficie lunar temblara, leve; se erizó el vello de su nuca y por la llanura de su vientre comenzó a abrirse un claro de piano, y con ese claro, aunque ella no los pudiera ver, unos ojos oscuros pestañearon, dentro, y unas manos se abrieron de golpe, en un solo movimiento, y los dedos languidecieron luego, cerrándose poco a poco, enroscándose lentos, como si fuesen diminutos bebés que se encojen y se estuvieran durmiendo.
La madre sonrió, ella también, y el tierno vibrar de la melodía en su vientre acabó por sumir a ambas en un placentero sueño."
La mujer cogió de la mesita de noche unos auriculares y los depositó sobre su trozo de luna blanca, como si fuesen dos tiernas almohadas.
Luego pulsó play en el mando a distancia...
(Debussy. Clair de Lune)
La madre sonrió, ella también, y el tierno vibrar de la melodía en su vientre acabó por sumir a ambas en un placentero sueño."






