... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

La Princesa de Nata en el Caserón Helado de Chocolate (IV)

(Ésta es la cuarta parte de este cuento.
Antes de seguir leyendo puedes recordar las otras aquí:
Una, Dos y Tres)

Era una mañana helada del recién llegado invierno cuando los dos soldados de la Guardia Real de Chocolate Envuelta en Papel Dorado escucharon una voz procedente del otro lado de las murallas de chicle.

-¡Solicito la presencia de los jueces para que sean testigos de una Dulce y Helada Batalla! ¡Mi ejército contra el ejército de mi padre! ¡El rey!

Los soldados se miraron confundidos, se asomaron desde las almenas y, aunque vieran a la Princesa enfundada en una extraordinaria armadura de Limón Helado Fulgurante, estallaron en chocolateada risa.

-¿Pero qué dices, niña de nata? ¿Con que ejército vas a combatir? -preguntó uno de los soldados.
-¡Con éste! -exclamó girándose y alzando un Báculo de Toffee y Nata.

Y de la espesura y la niebla que se extendía a sus espaldas comenzaron a surgir las unidades de su esplendoroso ejército. Cientos de pingüinos ayudaban a moverse a enormes muñecos de Yogur Helado con trozos de cookies, tiramisú y nueces caramelizadas. Las morsas cargaban a sus espaldas barquillos y bastones de galleta repletos de balas de piñones y pistachos congelados, y también había osos polares portando cañones de cucuruchos de helados de tutti fruti, vainillas, natas y toppings de frutas.

Los soldados de la guardia tocaron las trompetas de plástico rellenas de caramelos que anunciaban una batalla inminente y el pueblo del rey salió asustado a las calles empedradas de Lacasitos, preguntándose qué pasaría a continuación, pues en siglos nunca habían presenciado semejante evento. Los jueces acudieron a las murallas de chicle y allí pudieron comprobar cuán digno era el ejército que había reunido la Princesa de Nata y la Bruja de Stracciatella.

Entonces el rey bajó de su trono de galleta y chocolate y convocó a sus tropas, y esta vez sí se acercó a la muralla a ver a su hija.

- ¡Debes dejar el trono, padre! -gritó la Princesa al ver al rey-. ¡Es tiempo de que el helado atraviese las puertas de tu reino de caramelo! ¡Y yo, tu hija mayor de edad, ocupe el trono!
- Aunque vengas cargada de odiosa nata jamás atravesarás mis murallas de chicle, os quedaréis pegados a ella. Además, tengo un batallón de ositos Haribo dispuestos a descongelar a tu ejército.

Pero el rey ignoraba que la goma de mascar de la muralla, una vez mojada por el hielo, perdería su pegajosidad. Para entonces los jueces ya se habían postrado en unas sillas altas de regaliz y palotes. Una vez estuvo todo dispuesto dieron comienzo a la batalla mordiendo unas barritas de Kit Kat.

(en unos días... la última parte)

*foto de aquí

1 Comentarios | Escribe el tuyo:

Yo 21/10/14 16:04  

Uuooo ¡Combate total! Como en el Age of Empires pero versión candy xD ¡Cómo mola!

Ya sabía yo que los ositos Haribo no eran de fiar... Una gominola que no sólo no es dulce sino que, además, no sabe a nada... ¿Que clase de golosina/caramelo es? Uno malo ¡Muy malo! ¡Un caramelo "peleón"! xD

Besitos dulces y helados ^^ que, en este cuento, es posible :D