... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

Sobre el Falso Ímpetu de Callarme la Boca

 

Ya no debería decirte más lo que me gusta tu boca, ni que me tienes desarbolado, como el tramo de mar que va desde donde rompen las olas hasta la orilla en un día ventoso.

Empiezo desarbolado y queriendo huir en varias direcciones, como el vuelo de una bandada de pájaros cuando disparas contra ella, como la espuma de mar embravecida, que comienza montando a punto de nieve en la cresta y acaba acostándose temblorosa en la arena, como las crines blancas de una yegua muerta.

Empiezo desarbolado y así acabo, como las crines, y agotado por tener tu boca cerca y tener que aplacar en alcohol el ímpetu de callarme la mía y comenzar a comértela.

Me juré no volver la vista atrás, hacia tu boca, y no decirte nunca más lo que me gusta ahogarme en ese extraño presentimiento en el que tus labios me dejan la razón como cabellos ardiendo en llamas negras.

Me lo juré por mi cordura, maldita sea.

*foto: AdR (Cádiz, hoy)

2 Comentarios | Escribe el tuyo:

Yo 22/2/15 23:36  

Pero qué bonito sería que alguien te dijera algo así...

¿Por qué da tanto... reparo, corte... o nos genera tantas dudas y quebraderos de cabeza decir cosas como estas y sin embargo a la hora de ser hirientes soltamos "alegremente" de todo por la boca sin reparo alguno?

Debería ser al revés ¿verdad? Deberíamos avergonzarnos de decir ciertas cosas que decimos y enorgullecernos de sentir y decir bien alto otras cosas que callamos... El ser humano es extraño...

Un besito callado. Sssshhhh...

Dalicia 26/2/15 15:46  

Por fortuna la cordura no vale nada.