... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

La Princesa de Nata en el Caserón Helado de Chocolate (II)


(Antes de comenzar... Lee el inicio de este cuento aquí)

Y así sucedió, tal y como fue ordenado, pues tal era el miedo a la nata y al frío instaurado por el monarca, que la prohibición de salir de las murallas quedó establecida para todos los habitantes del reino. Sólo la Bruja de la Cueva de Stracciatella se encargaría de cuidar a la Princesa de Nata hasta que cumpliera los 9 años.

Y así ocurrió. Fue la bruja quien le enseñó los misterios de la vida fuera de palacio. A cultivar y extraer la savia de la vainilla y la nata, a decantar la nieve para helar las fresas y otras frutas, a no despreciar a ningún ser vivo.

Y la Princesa creció, y conforme lo hacía más avergonzada se sentía de pertenecer a la realeza. El día de su noveno cumpleaños sopló las velas de una tarta helada de trufa y le dio dos besos con sus labios morados a la que había sido su madre todo este tiempo: la Bruja, y ésta, al ver cumplido su trabajo, se sintió más que orgullosa de la Princesa y se retiró a su Cueva de Stracciatella. La Princesa entendió que había llegado el momento de volver a palacio. Caminó un día y una noche, al amanecer se plantó ante los dos soldados de la Guardia Real de Chocolate Envuelta en Papel Dorado y dijo:

-Soy la Princesa de Nata, la hija del rey. He cumplido 9 años.

Ambos soldados se miraron extrañados, no sabían el protocolo que debían seguir, sencillamente porque nadie les había indicado qué hacer, así de inútil era el régimen establecido. De modo que le ordenaron a la niña que esperase. Dos días con sus dos noches heladas tuvo que pasar a la intemperie la Princesa de Nata, hasta que la tercera mañana los soldados volvieron a aparecer, se asomaron entre las almenas de chicle de la muralla y el más alto dijo:

-El rey no quiere verte. Ha dictado Dulce Decreto por el que no debes acercarte a las murallas de chicle del reino bajo pena de permanecer eternamente pegada a la goma de mascar. Puedes volver al Caserón.

La Princesa dejó caer una lágrima de nata helada por su mejilla. Una sola, que vino a hundirse en la hierba. Luego, en silencio, se dio la vuelta y desapareció entre la espesura y la niebla.

(continuará)

*foto de aquí

1 Comentarios | Escribe el tuyo:

Yo 11/10/14 18:02  

Lo dicho. Yo desterraba al Rey al País del Turrón del duro. No casa en el contexto del cuento xD. Debería ser más dulce que la miel y es más amargo que la hiel. Habría que sacarle del Palacio de Murallas de Chicle antes de que terminara pudriendo el Reino. Que ya lo decía Pitágoras (eso no, hombre xD, esto): "Purifica tu corazón antes de permitir que el amor se asiente en él, ya que la miel más dulce se agria en un vaso sucio"

Así que hale, que me parece a mí que este Rey se nos está poniendo ya bastante agrio xD. Estás tardando en mandarle a purificar su corazón al País del Turrón del duro, que lo sepas xD. Ya si luego se porta bien y aprende a querer a su hija, le dejas que vuelva limpia y dulcemente :D

Besitos ^^