... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

Nuestra Mesa


 
(Pulsa play. Interpretado a piano por una de mis lectoras, que ha preferido permanecer en el anonimato,
os traigo... El Vals de Amelie *de Yann Tiersen*)
 

Volví a la cafetería. Marqué sobre las baldosas los últimos pasos, con una reverencia absoluta, y me detuve frente a nuestra mesa. Mi figura era como una estatua de sal coronada por una mueca de amargura. A esa hora todo estaba quieto y en silencio, vacío. Al otro lado de la cristalera las palmeras eran azotadas por el viento de una manera tan brusca que rozaba la perversión. Era como estar a salvo encerrado en el ojo del mayor huracán de la historia del planeta.

Mirando nuestra mesa recordé las veces que yo la había hecho mía, antes de conocerte. Sobre ella escribí una docena de relatos y la mitad de una novela. Luego la hicimos tan especial que poner mis manos ahora sobre ella sería como violar con espectacular saña a la última virgen de la Tierra.

Contemplé una proyección de mí junto a la mesa. Estaba sentado y el camarero me traía un café y un croissant. Me lo llevaba a la boca y al morderlo se hacía trizas, como si fuese una piedra porosa, soltando arena en mi lengua. Yo apartaba luego la taza y el plato y apretaba mis manos, una contra la otra, con una rabia desmedida de impotencia, con tanta fuerza que si hubiera tenido entre ambas una roca diamantina la hubiera pulverizado sobre la mesa.

En ese momento mi imagen se desvaneció. El camarero me preguntó si iba a tomar algo. Mi yo real, allí de pie, negó con la cabeza y dejó aquella cafetería para no volver jamás. Ya afuera, el viento me azotaba del mismo modo que castigaba a las palmeras. Abrí mi cuaderno y comencé a escribir el comienzo de este cuento.

* foto de aquí

16 Comentarios | Escribe el tuyo:

aNNaBeL 7/10/11 12:02  

precioso!!!! es increible como nos aferramos a lugares, a sitios... y cuando los recuerdos son tan bonitos es mejor no cambiarlos por otros. me encantó!! dices que es ¿el comienzo? espero que se verdad y poder seguir leyendo el resto. un besoooo desde La Sonrisa Del Durmiente

emperatriz 7/10/11 14:17  

Leyendo relatos como este recuerdo lo maravilloso que es leer, lo saboreo y lo disfruto.

Gracias por contar así las cosas, todos hemos pasado y pasamos aun por momentos así, y hacer de lo trágico algo bello hasta que emocione es un don.

Un beso

emperatriz 7/10/11 14:22  

Casi se me olvida....la pieza a piano está impresionantemente bien tocada. Me encanta esa BSO y adoro el piano, así que a mi me ha conquistado. Preciosa.

Un beso Pianista Anónima.

montse 7/10/11 15:36  

Una historia que puede cambiar de escenario infinidad de veces sin perder significado y excelentemente contada.

Pianista anónima: Gracias por compartir tu habilidad a través de este sitio. Es la primera vez que lo escucho y ha sido muy agradable.

Belén 8/10/11 14:35  

Yo creo que todos podemos tener una mesa de esas en cualquier cafetería... ojalá...

Besicos

Juanjo 8/10/11 20:29  

Siempre he creído que hay sitios a los que no se debe volver jamás. Seguramente, para que continuen vírgenes en nuestro recuerdo.

Nuda Veritas 8/10/11 20:55  

Gracias, me encantó.
Por un momento imaginé que existiría ese sitio especial al que vuelves y allí encontrarse de nuevo con lo que fuimos.

Enhorabuena a los dos, a la pianista anónima por esa preciosa versión y a ti por escribir de esta manera tan íntima.

Mi beso.

la granota 9/10/11 0:33  

Sitios que cargamos de significado, todos los tenemos, pero que lo sepamos contar tan bien como tú...

Carlos 9/10/11 20:53  

Antes de comenzar a leer le di al play y por instinto quité el sonido a cuanto pudiera entorpecer el del piano. Pero a medida que iba leyendo me detuve y volví a empezar, pero esta vez con el balcón abierto oyendo el paso de los coches, la tele puesta en cualquier canal y el taladreo de algun vecindario laborioso. No es que fuera el ruído propio de una cafetería, pero algo aproximado, al fin y al cabo era ruído. Y entonces le di al play y comencé a leer.
Y efectivamente, comprobé la fuerza de la melodía al piano en combinación con la de tu relato. Nada conseguía distraerme de ese momento, y solo el llegar al final fue como la voz inoportuna del camarero.
La bella descripción que haces del escenario que rodea aquella mesa, es como una banda sonora que en nada ahoga que al piano (mi felicitación a la pianista por tan buena interpretación) y la abstracción con la que nos atrapas en ese momento es mágica.

Me encanta la belleza de los pequeños grandes momentos!

Un abrazo genio

Indra 10/10/11 16:56  

Me he quedado muda...y disfrutando.
Enhorabuena a ambos.
Besosss

Alejo Z. 10/10/11 21:30  

Me fascina esa analogía con el huracán y la mesa: en el ojo, todo es una absoluta calma que se contrapone con lo que sucede afuera de ese espacio. El roce del viento al salir y el final que de una forma es otro inicio... Estupendo Ángel, estupendo.
Mi abrazo fuerte,

Alejo

Raúl 11/10/11 10:02  

Los bares, sus rincones, son lugares especialmente evocadores por lo que (estoy con Juanjo) hay que pensarse muy mucho si volver a visitar alguno de ellos.

Sara 13/10/11 20:26  

Una mesa que nunca tuvo tanta vida como en esos recuerdos.

;)

Pd. Para torpes... ¿dónde está el play?

mi nombre es alma 13/10/11 23:05  

Cada objeto tiene un alma compuesta por el alma de muchos. Su tacto nos lo dice.

Antonia Martínez 14/10/11 20:17  

Buen final para un principio :)

mErL 17/10/11 16:41  

Encantador el relato acompañado de las notas del piano que se confunde con las letras imaginarias cuando estas leyendo.

Un abrazo