... Y la chica regresaba al bosque a oír historias, a veces nevaba, a veces llovía, y en aquellas tardes sus ojos se volvían de un gris tan claro que en ocasiones parecían blancos.

-Piedra y la chica de ojos azules-

La Medida Justa de Todas las Cosas


Lleva una falda de estampados florales en blancos y grises que cae hasta sus rodillas y un suéter negro. Acaba de entrar en el Manila 1969. Se ha acercado a la barra para pedir un café y mientras el camarero lo prepara barre con la mirada el local, está eligiendo mesa. Hoy será la del rincón, justo a la cristalera. Así podrá ver a la gente pasar, como hace con los segundos el reloj guardado en el cajón de su mesita de noche, ese que ya no se pone.

Le sirven el café sobre la barra y ella suelta unas monedas, rompe el sobre de azúcar por una punta y vierte el contenido en el vaso, pero no al completo, siempre deja algo dentro porque ella es del tipo de personas que piensan que hay que encontrarle la medida justa a todas las cosas, y un sobre de azúcar siempre trae demasiada dentro.

Coge el vaso y se sienta a la mesa, y mientras mueve la cucharilla para diluir el azúcar mira a la calle. En lugar de verle las caras a los transeúntes ella distingue en su lugar la esfera del reloj que guarda en su mesita. Al cabo de medio minuto suelta la cucharilla sobre la mesa.

"Ya está. Éste es el café perfecto" se dice mientras los relojes siguen caminando afuera y sus esferas se reflejan en la cristalera del Manila. Luego toma un sorbo mientras recuerda: "¿Te gusta el reloj, cariño?", "Mucho" le contestó ella mientras se lo probaba. "Te viene como anillo al dedo" le dijo él.

De aquello ya habían pasado cinco años.

-.-
Más en el primer comentario

*foto de aquí.

25 Comentarios | Escribe el tuyo:

AdR 26/4/11 14:31  

El Manila existe, está en Cádiz. La mujer de falda estampada existe, entró en el local cuando yo escribía y tomaba café mientras esperaba para hablar de negocios con un hombre. La manía de no echar nunca todo el contenido del sobre de azúcar en el café... existe, es mía. La historia que cuento, no sé si cierta, es la que vi reflejada en los ojos de aquella mujer.

Blogboreta 26/4/11 15:02  

Este enorme aplauso también existe... es mío para tí. Me ha gustado muchísimo. :) Un besazo.

No Comments 26/4/11 15:05  

Muy bien. Hay que servirse de momentos reales a partir de los que derivaran nuestras historias ficticias.

Felicidades por tu reciente cumpleaños. ;)


Un saludo indio

dintel 26/4/11 15:35  

A partir de ahora miraré en los rostros, a ver qué encuentro.

Alegría. 26/4/11 16:37  

En el Manila me tomaba yo las mejores tapas de ensaladilla.Claro que dicen que en el recuerdo, todo es mejor. Yo tampoco echo todo el azúcar y doblo cuidadosamente el sobre.
Me ha encantado.

Elèna Casero 26/4/11 17:34  

Me ha gustado mucho el relato. Sobre todo cuando he leído que tú estabas allí, te he imaginado y he visto las escenas más claramente.ç

Me gusta

Unos besos

Belén 27/4/11 6:37  

Lo que hubiera dado por estar en ese café y verlaaaaa

Besicos, querido

Miguel Baquero 27/4/11 9:05  

Muy bueno, Yo creo que las historias mayormente se construyen de eso, de pequeños pedacitos ensamblados

Wen 27/4/11 9:07  

Cotillo :P

Oréadas 27/4/11 16:53  

Porciones que marcan y dan para escribir momentos que se eternizan.
Un besito

Indra 27/4/11 21:06  

Nunca me paro a observar a las personas y cierto es que cada una de ellas con un simple gesto, guardan o nos inspiran magnificas historias que poder contar.
¿Seguro que eran negocios?...ay...inocente ;)
Un beso.

Carlos 27/4/11 22:25  

La medida justa del relato, y no es cinco años de largo por una tarde de ancho, sino la distancia que va desde que la realidad entra por la puerta hasta que se inventa sobre el papel.
Y si la rodeas del susurro del azucar, el aroma del café, que no es La Habana sino Cádiz, y de un escritor que sabe combinarlo todo, tenemos la tarde perfecta.

Chapeau quillo, y con algun retrasillo pero ¡¡Felicidades!! :)

Un abrazo!

Odiseo de Saturnalia 28/4/11 11:31  

Aunque, saborear un café de hace cinco años, uhmmmm... bueno, si me permites echarle azucar, acepto.

mErL 28/4/11 15:29  

Genial¡¡¡ Calificaria este relato.
El juego de los recuerdos perfecto con armonia y sincronización, el reloj, la mujer y el momento mágico del café. Todo un mundo que desfila delante de las cristaleras donde se mezclaran los recuerdos en justa medida, como el azucar en el café.

Un abrazo.

Sara 28/4/11 20:53  

Esto te va a hacer gracia, pero te juro que al leer la primera frase he pensado inmediatamente: "Esta mujer es real"... y es que un hombre describiendo con tanto detalle el atuendo de una mujer ha tenido que verla, por narices... :P


Yo también hago lo del azúcar, pero con el segundo sobre ;)

Borja F. Caamaño 29/4/11 21:23  

Siempre gusta elucubrar sobre las vidas ajenas... acerca de un momento robado para nuestros efímeros y profundos pensamientos.

Un fuerte abrazo.

TriniReina 30/4/11 9:08  

Se descubren muchas cosas en los ojos de alguién que comparte café en la mesa de al lado. Se descubren tantas cosas, como imagines que en sus ojos ves...

Mi manía es no apurar jamás la taza del café, ni la caña de cerveza:)

Abrazos

*Sechat* 2/5/11 12:21  

Umm sospecho que el reloj significaba mucho más para ella de lo que cabría esperar. Un final abierto que deja entrever más vivencias de trasfondo. Me ha encantado.

mi nombre es alma 2/5/11 17:42  

Quizás le convendría pasar alguna vez de esa justa medida y echarse todo el azúcar, o no echar nada. Eso también puede ser una manía.

celebes2 3/5/11 10:52  

El reloj fue, a la vez, un regalo de despedida y la despedida misma. Motivos tenía más que suficientes, como el azúcar que viene en cada sobrecito.

Raúl 4/5/11 23:24  

Bueno, Angel, bueno el relato.

AdR 6/5/11 0:23  

Blogboreta, te mando un enorme beso :)

No comments, gracias :D Me serviré de esos momentos. Tengo que ser más observador.

Abrazos

dintel, encontrarás novelas.

Besos.

Alegría, igual tú eras esa mujer... :D

Besos

Elena, jugáis con ventaja los que me conocéis :)

Besos.

Belén, te hubiera encantado. No parecía de Cádiz, parecía anclada en otra época.

Besos, querida

Miguel Baquero, quizás por eso mi novela sigue en el cajón, primero porque necesita una corrección, nunca me pongo, y luego porque tiene demasiados trocitos.

Abrazos

Wen, :D Eso, eso.

Besos.

Oréadas, buena definición.

Besos

Indra, seguro, seguro. Y mira que yo no soy hombre de negocios, más de palabra y menos de números, pero esa tarde no tuve suerte :D En eso no, en otros temas sí.

Besos, querida

Carlos, :D Si me hubiera salido a mí el negocio ese con el hombre que esperaba sí hubiera sido la tarde perfecta para mí :D

Gracias.
Abrazos.

Odiseo, bueno, el reloj era el de cinco años atrás, aunque a buen seguro que ella saborearía ese café como el de hace tanto.

Abrazos

mErl, a mí me pareció una ceremonia, lo que hizo esa mujer en la cafetería, desde que entró hasta que tomó el primer sorbo. Un ritual. He intentado plasmarlo. Gracias.

Abrazos.

Sara, :D acertaste de pleno. Y creo que yo siempre que me baso en la realidad comienzo a describir por el físico. Otra de mis manías.

Entonces te echas demasiada para mi gusto. Pero a ti te sienta de lujo.

Besos.

Borja, yo siempre lo hago. Y cuanto tiempo sin verte por aquí :) Me pasaré a ver qué has escrito esta vez.

Un abrazo

Trini, esa tarde yo estaba inspirado para eso. El lugar hacía mucho. Es una de esas cafeterías que te gusta tener debajo de casa.

Besos.
P.D.: Yo la caña la apuro, la taza no :)

Sechat, cierto, algo mágico tendría para conservarlo y acordarse de él siempre después de tanto tiempo.

Besos

mi nombre es alma, quizás debería hacer eso y encontrarle otro sabor a su vida, bien visto.

Besos

celebes, siempre los relojes como símbolo del desamor en mis escritos...

Abrazos

Raúl, gracias, y más viniendo de un maestro como tú en esto de relatar en corto :)

Abrazos

Alegría. 3/6/11 11:55  

No quise decirte, que mis lugares predilectos son junto a las cristaleras, a poder ser en un rincón, que me permita disponer de toda la visión del lugar,¡já! Podría, podría;-)

Alegría. 3/6/11 11:56  

(creo que a los que nos gusta escribir, nos gusta observar sin llamar demasiado la atención, para ver la verdad...)

AdR 17/6/11 0:55  

Alegría, me gusta eso, ponerme cerca de la cristalera, sobre todo si pasa mucha gente. Yo, si pudiera, me haría invisible, pero un par de añitos :D

Besos